SIGRID
—¿Qué es esto? Ay, no puede ser —bufé al mirar lo que había tomado en mi apuro.
Quería darme coscorrones a mí misma en la cabeza.
Eran los planos para armar un artefacto mágico que te permitía entrar en los sueños de alguien y dejarle mensajes, órdenes o incluso provocarle sus peores pesadillas.
—¿Qué hago con esto ahora, me cuelo en el sueño de Dave y lo fastidio un rato? —murmuré pensativa, pero luego lo descarté algo molesta.
Tanto esfuerzo para nada, me había dejado leer todos sus libros menos ese y la curiosidad me picaba.
¿Qué tanto había prohibido en esos escritos?
Caminé hacia el pozo escondido en el medio del bosque, siempre lleno de niebla oscura y al que casi nadie se atrevía a entrar por estar en los límites del palacio.
Aquí creé hace unos años otro hechizo que me permitía trasladarme al momento hacia las tierras de mi padre.
Vi unos lirios negros y a mi madre le encantan, así que me puse a recoger algunos para ella.
De seguro estaba tomando la merienda de la tarde con la abuela.
Sonreí caminando feliz hacia el viejo pozo, nadie lo usaba, se había secado hace años, cargando mi ramo de lirios, invoqué el hechizo, pasando mi pierna por el borde y arrojándome al vacío como tantas veces había hecho.
Poco imaginé que, en ese mismo momento, el sol se ocultó por completo y el mundo pareció sumirme en la más profunda oscuridad.
Caía profundo, las tinieblas engulléndome, mis piernas deberían tocar pronto la gravilla cerca del Lago Negro, sin embargo, se sumergieron en un agua helada que comenzó a tragarme como un monstruo devorador.
Luché, pataleando con mis piernas y brazos, asombrada, agitada.
Todo se sentía tan irreal, llamaba a mi magia para que me asistiera, todos mis poderes de Selenia rugiendo en mis venas y era en vano, nada parecía funcionar.
El agua se iba colando por mi boca, las burbujas escapaban a borbotones y los pulmones luchaban dolorosamente por oxígeno.
Llevé la mano hacia mi garganta con un miedo atroz y las frías garras de la muerte acechando, hasta que una luz se coló en mis pensamientos.
“Sigrid, hija mía”, me vi de pie en un lugar brillante y extraño, mis botines creaban ondas sobre el agua, parecía un lago en calma.
—¿Quién eres? —pregunté al aire.
Sobre mi cabeza hermosas constelaciones se movían, las estrellas danzaban en el cielo infinito.
“Soy tu madre, tu creadora y necesito de tu ayuda, mi Selenia, en tus manos está mi redención, la manera de arreglar el pasado, tu presente y el futuro.”
—¿Este es el llamado? —pregunté con el corazón latiéndome errático.
Creí que con el sacrificio de mi abuela Gabrielle ya no era necesario más Selenias como corderos.
“Digamos que este es un llamado especial que solo puedes hacerlo tú y si tienes éxito, será el último sacrificio de cualquiera de mis hijos.”
Pero si había solo una posibilidad de que ese futuro se hiciera realidad, no podía permitirlo.
Estiré la mano y tomé la de esa extraña mujer, utilizando mi más poderoso hechizo, con el que nací.
Fundí mi espíritu en el interior de su cuerpo y tomé el control de ella.
*****
El llanto de un bebé me hizo reaccionar.
Di una inspiración profunda con la sensación de ahogamiento aún en mis pulmones.
Los ojos dolían ante la explosión de claridad mientras mis sentidos despertaban.
¿Qué era ese llanto tan molesto y por qué algo se retorcía entre mis manos entumecidas?
Entonces el llanto cesó al fin, bajé mi cabeza confundida, familiarizándome.
¿Dónde estaba?
Todos mis sentidos se quedaron congelados al ver lo que hacía.
A través de agua fría y mortal del pozo, vi el reflejo de mis manos sumergidas, cargando a un bebé mientras lo ahogaba.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...