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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 188

SIGRID

El grito se quedó atascado en mi garganta, los ojos casi salidos de mis órbitas y con las manos en un puro temblor, alcé a esa pobre criatura a punto de morir.

Toda su pálida piel llena de horribles marcas negras, como patrones de maldiciones que incluso cubrían su rostro.

No lloraba, sentía su débil corazoncito a punto de detenerse y abrió los ojitos, uno de cada color, para mirar a la cara de la perra que lo estaba ahogando en el pozo.

—¿Mi señora, sucede algo? —me estremecí al escuchar una voz a mi espalda, no estaba sola.

Diosa, tenía que disimular, meterme en el papel de esta hija de puta, porque si me descubrían, estaba muerta.

—No sucede nada, Grimm, terminaré rápido con esto, ve a preparar el carruaje.

—Ya está listo.

—¡Que vayas de nuevo, o acaso eres sordo! —le grité con todo el desprecio que pude reunir, esperando que el temblor en el fondo de esta voz, tan rara para mí, no fuese notado.

En cuanto escuché sus pasos, me giré en medio de este bosque extraño, donde todos los árboles eran negros, retorcidos, como el corazón de esta bruja.

Caminé deprisa, alejándome de ese pozo de muerte, me interné entre la maleza escaneando mis alrededores.

No había nadie, así que hice lo único que se me ocurrió para salvar a este pobre y agonizante bebé.

Me abrí el largo abrigo de lana y parte de la blusa negra que llevaba, metiéndolo en mi pecho, intentando infundirle calor a su pequeño cuerpo casi rígido y cerrando el abrigo sobre él.

—Resiste bebé, por la Diosa resiste —le supliqué, alejándome, buscando un refugio, intentando salvarlo.

No podía salir con él en los brazos, nadie debería saber que lo salvé.

Encontré un robusto árbol que tenía un agujero excavado en su base hueca.

Con mi mano aparté las malas hierbas, esperando no encontrarme un animal salvaje, pero ni los animales parecían venir a este lugar.

Expandí mis sentidos, aún me tenía que acostumbrar a la magia de esta mujer, sin embargo, parecía no haber peligros.

Me senté sobre las hojas muertas y recité un encantamiento sanador, soplé sobre él un aliento de vida y respiré aliviada al escucharlo gimotear y su piel de cadáver comenzó a tomar un tono más sano.

Este niño estaba maldito, por eso lo ahogaba en ese pozo.

Este bebé era el resultado de un hombre elemental con una hechicera.

Respondió inclinándose y pasé por su lado sin darle otra mirada.

Traidor lamebotas, este hombre solo era una espía de la cabeza de familia, la bruja más perra de todas, mi hermana mayor, Morgana De La Croix.

Avancé a través de un camino de piedra que se internaba en esta rara arboleda, sentía como si miles de miradas se clavaran en nosotros, sin embargo, solo había silencio, un silencio sepulcral.

Subí a un carruaje discreto, en negro, y me acomodé en el suave asiento de terciopelo rojo.

Las ruedas se pusieron en funcionamiento, el látigo fustigaba a los caballos, y mis ojos observaban con discreción a través de la ventana con una gasa oscura de cortina.

Salimos de la naturaleza pasando sitios que no conocía, a lo lejos se veían colonias con casas de madera y piedra, saliendo humo de sus chimeneas.

Atravesando alrededor de un lago donde pescadores hacían sus faenas en botes, lanzando enormes redes.

Los campos de trigo y sembradíos se extendían por kilómetros y ellos trabajan la tierra, bajo el sol, para buscarse el sustento.

Los miraba fascinada, todos estos seres eran elementales, cuando el mundo estaba repleto de ellos y los seres sobrenaturales éramos la minoría.

Aun así, nos encargamos de esclavizarlos y al final, aniquilarlos a todos.

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