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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 189

SIGRID

El carruaje se detuvo y escuché que Grimm saludaba a unos hombres, luego el sonido de rejas y de nuevo en marcha.

Aparté la cortina con mi dedo donde un enorme anillo de esmeralda relucía y enseguida los guardias bajaron la cabeza con respeto.

Pasamos por unas poderosas murallas que daban acceso a una ciudad llena de villas, casas de piedra y madera.

Se escuchaba el bullicio de las calles y el aroma a comida, junto con el pregoneo de las personas en el mercado.

Todos los campos de cultivos y lo que estaba dentro de estas murallas, pertenecía al feudo de la familia de hechiceras De La Croix.

Tres hermanas, la mayor y jefa actual del castillo, Morgana De La Croix, la del medio Drusilla De La Croix y la menor de ellas, la mujer que mantenía prisionera en su conciencia, mientras ocupaba su cuerpo con mi espíritu primordial: Electra De La Croix.

—Quiero descansar, que nadie me moleste

Di órdenes y avancé, según los recuerdos, a través del patio exterior donde nos detuvimos, atravesando las enormes puertas de la entrada hacia mis dominios.

Lo único bueno de todo esto era que el castillo estaba bien dividido y cada una contaba con su parte independiente y privada.

Caminé por los fríos pasillos, llenos de decoraciones espantosas en las paredes, cabezas de animales y antigüedades de todo tipo.

Subí las escaleras de la torre más alta y entré en la habitación de Electra.

Diosa, en cuanto cerré la puerta, lejos de los ojos de los sirvientes, esclavos o lo que fueran, me dejé caer en la enorme cama de dosel, dando profundos suspiros.

—Espero haber hecho lo correcto, mamá, papá… — ¿cómo de preocupados debieron quedarse? ¿Dónde habrá quedado mi cuerpo físico real?

Estarán desesperados, mamá va a llorar muchísimo y papá… no sé si tomé esta decisión demasiado impulsivamente.

Pensé con las emociones fluctuando en mi alma, pero me calmé enseguida a la fuerza, porque esta mujer era una poderosa bruja.

Me descuidaba solo un poco, perdía las riendas y ella podía encerrarme a mí y tomar el control de su cuerpo.

Me levanté y caminé paso a paso hacia un espejo de cuerpo entero en la esquina.

Al mirar mi reflejo en él, me quedé estupefacta.

Cabello corto como el mío, rozando en su cuello, negro con iluminaciones finas plateadas y unos ojos verdes crueles que me devolvían la mirada.

—¿Lo hiciste, Electra? ¡Oye, cierra la puerta que tú sabes que el castillo tiene oídos por todos lados! —me apremió y lo hice, girándome para enfrentar sus ojos verdes en pánico.

—¿Por quién me tomas? No soy una cobarde como tú —le dije caminando hacia el baño y abriendo el grifo de agua fría para disimular mi rostro de ira.

—Menos mal que vine a ti a tiempo. ¿Te imaginas si Morgana se entera de que volví a fallar? —daba vueltas por toda la habitación.

— Bueno, es solo intentarlo de nuevo con otro elemental. ¡Maldici0n, que salir embarazada para una bruja no es fácil y los elementales fuertes tampoco están a patadas por ahí!

Parloteaba sin cesar mientras yo casi me bañaba con el agua fría, echándomela en la cara para no abofetearla.

Ese bebé que Electra se ofreció a eliminar era el hijo de Drusilla, solo que es un número en la lista de bebés defectuosos que ha tenido y no quería que Morgana se enterase de su último fracaso.

—Bien, te hice el favor, ahora es tu problema el cuento que le haces a Morgana —salí al fin secándome el rostro y las manos.

—Gracias, gracias, hermana… diré que nació muerto, no te mencionaré, no te preocupes.

—Más te vale y no me des las gracias, Drusilla, esto no te va a costar barato —la miré y sin tener que fingir mucho mis malas pulgas.

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