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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 190

SIGRID

—Sí, sí, lo sé, por la Diosa que frías eres. Pensé que por ser la menor serías más linda —murmura hablando atropelladamente—. Ya sé por qué eres la favorita de Morgana, si casi parece que te parió.

—¿Te pasarás la tarde hablando estupideces o ya te marchas de mi habitación?

—Me voy, me voy, uf, qué mal genio. Te debo una.

Sale al fin dejando una estela de ese empalagoso perfume que usa y su cabello negro largo ondeando en su espalda.

Es bella, como casi todos los seres sobrenaturales, pero una mujer que habla de sus hijos como objetos desechables, solo puede tener el vientre y el corazón podridos.

Además, Morgana se va a enterar y no solo porque Grimm es su espía, sino porque Drusilla es pésima para todo, incluso para mentir.

Decido sentarme en la cama a pensar en mi misión, debo trazar planes para salir de aquí por mi cuenta.

La Diosa, como siempre, habló en acertijos, mi tarea es encontrar a un hombre especial, sumamente apuesto y salvarlo de su cruel destino.

Ella no me especificó quién es ese hombre, ni dónde lo encontraría, me dijo que yo sabría llegado el momento, pero él supuestamente tiene la habilidad de impedir las catástrofes del futuro.

Estudio toda la vida de Electra y saco un pequeño cuadernillo de una gaveta para anotar mis objetivos con un código secreto que papá me enseñó y nadie aquí conoce.

La noche cae sobre el castillo, pido la cena en la habitación, tengo total libertad, a menos que Morgana nos invite a su morada; mi tiempo es mío.

Espero a que sea de madrugada, todos duermen y entonces cierro bien mi cuarto y convoco la magia de los elementos naturales.

Me transformo en la fría niebla de la noche y floto por el aire a través de las nubes y el viento.

No tengo mucho tiempo, no quiero darle explicaciones a nadie, sobrevuelo ese bosque maldito, veo el pozo oscuro y sigo el trayecto hacia el árbol donde dejé al pequeño.

Mi idea es llevarlo en secreto a un pueblo de elementales y que alguno de ellos lo cuide.

Tomé forma física cerca del lugar, mis sentidos alertas escaneando todo el sitio, nada se escuchaba, ni una brisa batía.

Caminé con prisas y llegué hasta ese oscuro y retorcido árbol, quité las protecciones que había dejado y me agaché para descubrir el agujero.

Mi corazón al fin encontró su lugar al ver el bultico envuelto en las hojas.

Además, ni siquiera conocía a este hombre, lo que sí tenía claro, es que se trataba de un elemental que ya un ser sobrenatural se cansó de jugar con él y lo dejó casi muerto.

¿Qué hacer, qué hacer?

Tengo un bebé ilegal en brazos y ahora pienso seguirme metiendo en problemas por mi corazón de pollo.

—Si te salvo, serás mi esclavo y te encadenaré a mí para que no puedas contar lo que sucedió aquí —le expliqué dominante y por un momento vi la vacilación en ese ojo lleno de agonía.

Le estaba diciendo que lo salvaría, solo para salir de un calvario hacia otro, pero nada más podía hacer para asegurarme su lealtad.

No tomaría un riesgo tan peligroso y yo tampoco lo trataría mal como Electra, antes de marcharme de este mundo, si él era bueno, lo liberaría.

De hecho, me venía bien un esclavo obediente que utilizar en mis planes.

Su mano, a punto de zafarse, perseveró por última vez aferrándose con las uñas sucias a la manga de mi vestido y vi el asentimiento en su rostro, medio sumergido en las sombras.

Eligió vivir a pesar de las consecuencias.

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