Entrar Via

El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 194

SIGRID

Él se veía algo perdido mirando hacia el balcón.

Intentó incorporarse para levantarse, pero cayó con un golpe sordo al suelo.

Quise regresar a ayudarlo, no sabía por qué, pero me daba tanta lástima, sin embargo, no podía, aquí no era la princesa Sigrid, sino Electra, la cruel bruja.

Por mucho que lo hechicé, no debía confiar en nadie.

Se arrastró por el suelo hasta la mesa, no tenía fuerza para sentarse en la silla, así que haló el mantel y toda la comida cayó al piso con el tintineo de los platos metálicos.

Lo vi engullir el alimento desesperado, casi sin masticar, como un animal salvaje luchando por sobrevivir.

Por primera vez, a pesar de tanto dolor que él había experimentado desde que lo conocí, descubrí las lágrimas cayendo del único ojo que le funcionaba, con la cabeza abajo.

Diosa, ¿cómo puedes permitir tanta maldad en contra de los seres que tanto te gustaron?

¿No fue por ellos que deseaste bajar a mirar sus vidas de cerca?

Por primera vez sentí vergüenza de pertenecer al bando de los poderosos.

Regresé al castillo a punto de amanecer.

Me metí directo a la tina, cabeza y todo, y la verdad me quedé dormida dentro de ella.

*****

Un golpe en la puerta del baño me hizo reaccionar y espabilar.

—¿Señorita Electra? — era Grimm, no me gustaba que entrara así a mi habitación.

— Ya salgo.

Dejé la tina y me puse una bata por encima, descalza abrí la puerta del baño para encontrarlo parado cerca de la entrada.

—¿Quién te mandó a entrar?

—Lo lamento, su señoría —bajó la cabeza con falso arrepentimiento.

— Yo llamé, pero nadie respondió, me extrañó por la hora, temía que algo le sucediera…

—¿Qué me va a pasar dentro del castillo? No pases más a mi habitación a menos que lleve una semana como mínimo, que no me ves —le respondí con voz afilada—. ¿A qué viniste?

—Me mandó a averiguar por la próxima subasta y aquí está la invitación para usted —extendió un sobre lacrado y lo miré por encima.

—Bien, márchate —le hice señas con la mano y lo vi retirarse.

Mientras observaba las letras en dorado, pensé en la razón por la que Electra quería ir a una subasta, ¿qué buscaba?

—¿Es por ese asunto? —me miré en el espejo donde unos ojos verdes, brillantes y fríos me miraban de vuelta.

Abrí la bata para ver los cardenales negros en mi cuello ya casi curados.

Electra también tenía sus oscuros secretos y un sótano con esclavos elementales que tendría que ver cómo liberarlos sin levantar sospechas.

—Entiendo muy bien, Srta. Electra —respondió entre dientes.

—¡Hia! —azoré el caballo y salí a todo galope de este opresivo castillo.

*****

Cerré los ojos respirando profundamente el aire puro del bosque, escuchando el murmullo de las hojas, de las aves, de los animales cazando.

Mi cabello negro se mecía mientras cabalgaba por los páramos y mis labios entreabiertos en una fugaz sonrisa.

Lejos de casa, en un cuerpo ajeno y mi cabeza en constante peligro, sin saber cómo regresar o a quién salvar, estaba aterrada, esa era la verdad.

Pero vengo de una estirpe de mujeres y hombres cojonudos, yo no podía deshonrar a mi familia.

Llegué a la posada, luego de pasar por un mercado ambulante y dejé el caballo en su establo.

Entré por la puerta principal ante la mirada estupefacta del posadero y subí las rechinantes escaleras.

Toc, toc, toc.

Toqué a la puerta, pero nadie respondió.

—Soy yo —le dije, podía sentir adentro su presencia, no había escapado, solo seguía mis órdenes y eso me agradó.

¿Será que aún no se podía levantar?

Hice por abrir, pero él movió el picaporte desde adentro.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación