SIGRID
Llegué a la ciudad de Valles, en realidad no sabía muy bien ni en qué parte del reino me encontraba.
En tanto tiempo, las cosas habían cambiado demasiado y apenas me guiaba por las memorias de Electra.
—¿Dónde queda la casa de subastas? —pregunté a los guardias de la entrada a la ciudad y me dieron instrucciones.
Adentrándome en las calles, sorteando algunos carruajes y el trajín de las personas, trotamos hasta llegar a una enorme mansión apartada del bullicio.
—Sra., disculpe, esto es una casa privada —dos guardias custodiaban las altas rejas de entrada.
—Soy una invitada al evento de hoy —les dije extendiéndole la invitación que examinaron.
—¿Y él?
—Es mi esclavo, ¿algún problema? —alcé la ceja
El caballo corcoveaba, cansado del viaje y ya me estaba poniendo de mal humor.
—No, no, pase adelante Sra. de la Croix, un mozo la va a guiar —me indicaron y al fin las altas rejas llenas de enredaderas se abrieron a un hermoso jardín.
—Sígame por aquí —el mozo me guio hasta el fondo, donde más caballos y carruajes se iban acomodando en las caballerizas.
—Yo puedo hacerlo sola, espéreme afuera —le ordené sacando toda la altanería que pude.
Llevé el caballo hasta el frente de la cuadra, pero era imposible bajarme como estábamos.
—¿Piensas matarme por estrangulación en la cintura? —me giré como pude.
De verdad tenía la cintura ya dormida de las tenazas que durante todo el viaje me apretaron.
Mis ojos se encontraron con el dorado de Silas, estábamos cerca, podía escuchar su corazón golpeando contra mi espalda.
—Lo lamento, mi señora —bajó la cabeza soltándome al fin.
Este había sido el viaje a caballo más incómodo de la historia.
—Bien, descendamos —le dije y eso fue otro tema.
Casi me cae encima y me aplasta como una galleta al bajarse.
—Silas, mi Silas, te tenía que haber puesto calamidad —bufé llevando al fin el animal a la cuadra y asegurándolo— Entremos de una buena vez.
Me masajeé un poco la cintura y la espalda mientras caminábamos hacia el interior de la mansión, por el glamuroso vestíbulo y tomábamos unas discretas escaleras hacia los pisos subterráneos.
A través de un pasillo oscuro escuchaba el susurro de muchas personas hablando al frente.
—Bien, esto les va a encantar, aquí tenemos unas runas antiguas lunares, muy exclusivas y útiles para el grabado de artefactos relacionados con el mundo onírico, peeero…
La sala comenzó a bullir con esas runas, yo también había venido por ellas.
—Yo les aconsejo que piensen muy bien cómo utilizar sus monedas, porque detrás de este artículo, viene otro, mmm… ¿cómo describirlo?… muy suculento —dijo riendo de manera lasciva y haciendo señas.
Las rueditas se escucharon rodando sobre la madera mientras una enorme estructura redonda era sacada afuera y mostrada al público.
Sin embargo, estaba cubierta por completo con una tela roja de terciopelo, aun así, se podía ver claramente que tapaba la figura de una persona.
Me incliné hacia delante casi al borde del asiento, por alguna razón el corazón me comenzó a latir raro.
Mi cabeza se sintió mareada y mis ojos no podían dejar de mirar intensamente la tela, queriendo perforarla y observar qué ocultaba.
—¡300 000 monedas de oro del número 67! ¿Alguien que ofrezca más por las runas lunares? —la exclamación del subastador me sacó de mis pensamientos confusos.
Mi pie apretó el pedal bajo la punta de mi botín y una luz se prendió en mi palco.
—¡300 100 monedas de oro del número 23!
No había pasado ni un segundo de mi oferta cuando el número 67 subió más la apuesta.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...