SIGRID
Volví a apretar el pedal mirando con disimulo el palco en el otro extremo, donde la luz roja se prendía en el suelo.
Así hicimos nuestro duelo silencioso, los demás se habían retirado, esas runas en realidad eran valiosas, pero tenían pocos usos.
—¡500 000 monedas de oro para el número 67!
—¡Maldición! —mascullé por lo bajo.
Electra tenía dinero, podía pagar esto, pero sacar más monedas de las arcas familiares llamaría la atención de Morgana.
Mi mirada se desviaba constantemente hacia la tela roja, algo me atraía, lo que sea que hubiese detrás, debía tomarlo.
Pero si gastaba tanto dinero ahora, quizás después no tendría para pujar a lo grande.
—¡500 000 monedas de oro para las runas lunares, vendidas al número 67!
—No puede ser —me pellizqué el puente nasal.
Diosa, esperaba que haber perdido este artículo, que tanta falta me hacía, hubiese valido la pena.
— ¡Y ahora, uno de los tesoros de esta noche, sé que lo estaban ansiando, con ustedes, esta preciosura! —haló la tela y juro que la vi cayendo como en cámara lenta.
Como sospeché, era un hombre amarrado al enorme círculo de madera, sus manos extendidas al igual que sus pies, atado con correas negras de cuero.
Nada se ocultaba de la vista libidinosa de los enfermos pervertidos presentes, estaba por completo desnudo.
Sus ojos grandes azules parpadearon llorosos por la luz enfocada de repente sobre él, se podía ver el terror y el pánico en su mirada errática.
Era hermoso y joven, piel blanca perfecta, músculos definidos, rostro varonil.
El cabello rubio caía en suaves ondas hasta los hombros, pero a pesar de su belleza deslumbrante, cada poro de su cuerpo gritaba inocencia.
El perfecto cordero para ser sacrificado y profanado por estos seres despreciables.
—Ja, esas son las expresiones emocionadas que me encanta ver, el entusiasmo se respira en el aire, por no decir otra cosa —risas sucias y más murmullos excitados se escuchaban por doquier
— Y damos garantía, esta belleza de ser elemental es completamente virgen, así que, ¿por qué precio deberíamos comenzar la subasta?
¡Tenía que ganarlo!
Algo en mi pecho me apremiaba, me decía que no podía dejarlo en manos de nadie, mi cabeza punzaba y mis emociones fluctuaban.
Las palabras de la Diosa repitiéndose.
Llevé la mano a mi pecho, sentía que perdía el control y Electra luchaba más que nunca por salir de la prisión que había creado para su espíritu.
—¿Alguien más quiere ofertar por encima de la hermosa Sra. Lucrecia Silver?.
El hombre apremiaba y a pesar de los murmullos de protestas, de envidia, pocos estaban dispuestos a pagar tanto por un elemental, aunque fuese la belleza personificada.
—Sale discretamente y espérame afuera —me giré para hablar con Silas y como imaginé, se había adelantado casi pegado al borde de la cortina.
Miraba de una manera a Lucrecia que le erizaría los cabellos del cuerpo a cualquiera.
—Que te marches, te dije, sé lo que deseas, pero no es el momento, ni el lugar —me levanté y me interpuse en su visión.
Ambos, casi pegados, murmurando, sentía los sentimientos crudos, odio e ira salir de él y si seguíamos así, Lucrecia igual se fijaría en este palco.
—Silas —tomé su barbilla y lo hice enfrentarme, ese solo ojo divagaba errático, la locura se contemplaba abriéndose paso en su interior
— Mírame, mírame solo a mí.
Murmuré, hacía todo por instinto, su respiración apresurada se fue calmando, sus pupilas se contraían hasta quedar detenidas en las mías, nuestros alientos fundidos, la oscuridad rodeándonos, ocultándonos.
—Sé que te quieres vengar, no te detendré, pero tampoco te salvé de la muerte para que vayas y te entregues en bandeja de plata, no es… tu momento —le dije entre dientes.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...