SIGRID
—¡Vendido este magnífico esclavo a la Sra. Lucrecia Silver! —miré hacia abajo, suspirando con pesar, a ese hombre que ahora estaba en el peor sitio posible.
—Saldré, mi señora —el murmullo de Silas me devolvió la atención a él, entonces me di cuenta de cuán cerca estábamos.
Di un paso atrás enseguida, no queriendo incomodarlo.
—Bien, no hagas una locura, por favor, recuerda, no caeré por ti, a la mínima burrada te puedo asesinar con un chasquido de dedos —por último lo amenacé, temía que fuese directo a querer atacar a Lucrecia.
Era como enviar a un cachorro a asesinar a un lycan adulto.
Lo vi salir con toda esa oscuridad que lo rodeaba, lo había notado, el ojo de Silas no estaba solo quemado, sino maldito.
Después, cuando tomara confianza, debía preguntarle de qué se trataba exactamente esa energía oscura que se movía por sus venas.
Él era un elemental, no debería estar así.
Me senté de nuevo, había perdido todo, las runas y al hombre que debía salvar.
Esto era un desastre.
Sin embargo, casi a punto de irme, descubrí que el número 67, que me había quitado las runas, pujaba desesperadamente por otro artículo.
Aposté todo a ello y conseguí las perlas de la añoranza, no me servían para nada, solo esperaba que fuesen lo suficientemente valiosas para negociar con la persona del palco 67.
—Señora, si me acompaña por aquí, puede recoger su artículo —al final del evento, uno de los encargados me condujo hasta la zona del almacén.
Bajamos unas angostas escaleras y abrió el hechizo de las pesadas puertas de acero, ya había personas en el interior.
—Por favor espere un segundo a que le toque su turno, tenemos muchos artículos que entregar —me explicó
—Entiendo — respondí fríamente, observando las dos mesitas al fondo donde llamaban a los invitados que habían obtenido algo.
Era enorme este espacio, las personas se amontonaban pegados a las mesas y detrás estaba más despejado, lleno de cajas, algunas enormes formando un laberinto de pasillos.
Mi instinto me llevó a internarme entre ellas, media oculta en las sombras, los murmullos se hacían más lejanos.
—La próxima velada, no solo invitaré a Morgana, también te enviaré un sobre a ti, querida, no sabía que disfrutabas tanto de los placeres… carnales —su tono parecía estar hablando con una chiquilla.
—Mmm no llores, mi rubio precioso, si nos vamos a divertir muchísimo tú y yo —la vi parada frente a él.
Extendió su mano hasta con amor y recogió las lágrimas del hombre como una amante.
Eso solo lo puso más nervioso y comenzó a llorar con más fuerzas, sus hombros se sacudían y su cuerpo entero temblaba.
La belleza intoxicante de Lucrecia no engañaba a nadie, la maldad se escapaba desde el fondo de esos ojos exóticos.
—Ay, por favor, no me digas que eres de los debiluchos lloricas, mmm cómo extraño a mi peliblanco rebelde —me tensé al escucharla susurrarle eso al hombre, suspirando con pesar.
Esperaba que ese no fuera el peliblanco que yo creía.
—¿Qué debería hacer, no eres obediente?, ¡te dije que te calles!
De un momento a otro lo abofeteó a lo bestia, el cambio de carácter me dejó anonadada, era una completa neurótica.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...