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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 199

SIGRID

El filo de sus enormes anillos cortando la carne de las mejillas, dejando rayas sanguinolentas, el hombre luchaba por obedecerla.

—Así está mejor, como recompensa, es hora de marcarte de alguna manera para que todos sepan que me perteneces — le habló y di un paso adelante, tragando el nudo en mi garganta.

Apreté los dientes sintiendo el entumecimiento de los músculos faciales.

La ira recorriendo mis venas cuando la vi bajar la boquilla y pegarla en la parte inferior del cuerpo del hombre que comenzó a forcejear y a gritar a pesar de la mordaza.

El olor a piel quemada enseguida se filtró en mis sentidos, mis ojos se cruzaron con los de él, parecía llamarme desesperado, me decían “¡sálvame, sálvame, por favor!”

Comencé a desbloquear mi magia de Selenia que ocultaba para no ser descubierta.

Mataría a esta perra y rescataría a este elemental importante, esta mujer no merecía ni respirar un segundo más.

Mi mano se estiró hacia una espada como garras directas a su cuello.

—¡Número 23, responda, número 23! — el llamado constante me hizo entrar en razón.

Mi ira enfriándose de golpe en mis venas.

Le decía a Silas que no era el momento y yo estaba a punto de cometer una locura.

Antes de que Lucrecia se girara, sintiendo mi intención asesina, di media vuelta y caminé con prisas, desesperada por salir de este asfixiante lugar.

Estaba en un subterráneo cerrado, lleno de seres sobrenaturales poderosos, no saldría viva de aquí, tampoco era invencible, tendría que hacer otro plan más inteligente.

—Sra., aquí está su artículo — el hombre de la mesa me pasó la cajita con la pulsera de perlas de la añoranza.

La tomé sin muchos miramientos, pero la mención del número 67 me hizo fijarme entonces en una figura encapuchada que se acercaba.

No mostró su rostro.

Tomó el pergamino sellado que tanto necesitaba y con poderosas zancadas se alejó.

Decidí seguirlo, emboscarlo en algún sitio oculto para proponerle el intercambio.

No importaba cuánto intentase ocultarse, yo era una Selenia y podía sentirlo, era un vampiro muy poderoso.

Lo seguí, saliendo de la mansión, a través del portón, que en realidad solo se restringía para entrar al interior.

La oscura noche era mi aliada, mis pasos en silencio perseguían a los suyos que casi volaban sobre las calles.

Estaba alerta, se notaba mirando a todos lados, pero no podría detectarme porque me convertí en niebla y saqué un poco de mis poderes Selenia para camuflarme bien con el aire.

—¿Qué? ¿Unos hombres? —lo miré sin tragarme mucho ese cuento, parecía ocultar algo.

Me asomé con disimulo para vigilar a la calle media desierta, las viejas farolas amarillas apenas alumbraban.

Sin embargo, descubrí que en la esquina, como cinco hombres vestidos de negro, avanzaban bien sospechosos.

Miraban algún tipo de artefacto rastreador en su mano y uno de ellos señaló la casa al lado de esta callejuela, donde había entrado el vampiro.

Lo buscaban a él, debía advertirle, pero ¿cómo?

Se desplegaron de repente con rapidez, pensé en miles de hechizos, uno más absurdo que otro.

En un instante mi mirada se cruzó con la de Silas y la idea más loca y simple del mundo se me ocurrió.

— Silas, no me malinterpretes, solo estaremos fingiendo, necesito una distracción —le dije sin perder más tiempo.

Caminé hacia él y me pegué a la pared de ladrillos, tomándolo por su capucha y acercándolo a mí.

Me alboroté el cabello e incluso bajé una manga al borde de enseñar un seno.

Con el amparo de las sombras y las pesadas capas, simulé que estábamos haciendo una indecencia en el callejón.

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