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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 200

SIGRID

Silas se tensó cuando me acerqué, su respiración se hizo más pesada y escuchaba el golpeteo acelerado de su corazón contra mi pecho.

Se quedó rígido entre mis manos que fueron a abrazar su espalda, mi cara se hundió en su cuello.

Su cabello cosquilleaba en mi nariz y ese delicioso aroma a cítricos que tenía su cuerpo, como un árbol de naranjas maduras.

Por alguna razón me entraron ansias de comerme unas jugosas naranjas.

— Solo unos segundos, tan solo fingimos Silas - le susurré algo preocupada.

—Mmm, más, bésame más… —mis gemidos vergonzosos hicieron eco en el silencio de la calle.

Diosa, agradecía lo oscuro porque yo misma me daba pena.

— Mmm tócame más ahí, más rápido… —gemí contra su cuello.

Creía que en cualquier instante Silas me empujaría para ahogarme, pero solo se quedó de pie, tranquilo, rígido, soportando mi agarre y mis gritos de becerra loca en su oído.

Pasos curiosos se acercaban a nosotros.

Vi unos basureros de metal cerca y los pateé con el pie mientras me hacía la apasionada y la que estaba siendo manoseada en la callejuela, cuando en realidad yo era quien estaba aprovechándome de mi pobre Silas.

Antes de que se asomaran y descubrieran este pésimo teatro di mi próximo paso.

—¡Estúpido esclavo! ¡¿Cómo te atreves a morderme?! —lo empujé de repente, llevándome la mano al cuello, “enojada”

Levanté mi mano para golpear su rostro, pero mis ojos se desviaron a la sombra que obstruía el callejón.

— ¿Qué sucede aquí?

—¡¿Quiénes son ustedes?! ¿Estaban espiándonos?— lo interrumpí y di un paso atrás cerrándome la capucha con nerviosismo, Silas se ocultó más en la oscuridad.

—Señora, lo lamento, lo lamento, mi subordinado pensó que estaba en peligro —otro hombre apareció, todos eran hechiceros y un vampiro.

—¿Peligro? ¿Ahora se llama así ser voyeur? ¡¿Te gustó mucho escucharme gemir, maldito?!

Lancé un hechizo “encolerizada” que bloquearon dando un salto atrás.

Si con todo este estruendo el tío abuelo no reaccionaba, entonces era idiota… o sordo.

Salí a la claridad de la calle, invocando un látigo mágico y atacándolos indiscriminadamente, solo ganando tiempo, ellos intentando disculparse y esquivando.

Esta escena no era rara, las hechiceras eran conocidas por ser unas perras locas volátiles.

—¡Espere su señoría, tranquila, somos soldados de la familia real, por favor deténgase! —al escuchar “familia real”, hice lo que cualquiera, dejé de fustigarlos.

Me mostraron una insignia dorada y era la verdadera.

—Bien, ¡pero márchense de mi vista, malditos pervertidos! —chasqueé el látigo y miraron con sospechas hacia la casa que se mantenía a mi espalda.

Esa noche conseguimos una posada cerca, con tan mala suerte, que estaba a reventar debido a la subasta y las ferias de la ciudad.

Solo había habitaciones personales.

—Saldré para que tome su baño —Silas me dijo una vez instalados en la pequeña recámara.

—No, no, me ocultaré detrás del biombo, no salgas solo, hay demasiados hechiceros rondando, no quiero que nadie te vaya a reconocer —le advertí.

Era bien sabido que a Lucrecia le encantaba exhibir sus trofeos, temía que a pesar de las cicatrices y la máscara, alguien reconociera a Silas.

—Bien, me… me quedaré en aquella esquina, no voy a mirar —me dijo bajando la cabeza.

—Tranquilo, sé que no lo harás —respondí y la verdad, estaba confiada con él.

Con su pasado, dudo que le interese sexualmente.

Caminé detrás del biombo de papel encerado y comencé a desvestirme, desesperada por quitarme toda la suciedad del camino y el cansancio.

*****

SILAS

¿Quién era en realidad esta mujer que fingía ser Electra de la Croix?

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