SIGRID
Fui levantada repentinamente, me agarré de su cuello, mis pies suspendidos en el aire.
Caminaba hacia la cama donde me dejó con suavidad.
—Gracias, ¿estás bien? —por un segundo perdí todo el norte de mi actuación y solo fui yo misma, al menos una vez.
—Sí, mi señora, gracias a su sanación estoy mucho mejor, ¿le duele? — su rostro cerca del mío, mi piel afiebrada volvía a arder, el deseo revolviéndose en mi vientre y nublando mis sentidos.
—Estoy bien, Silas, solo fue algo extraño, después quiero hacerte algunas preguntas —le dije con la lengua algo torpe, los párpados parecían pesarme toneladas.
Reposaba en la cama, pero estaba toda pegajosa; mi incomodidad era evidente.
Él se separó y escuché sus pasos, quizás se marchaba, no sé, solo pensaba en dormir y en tener muchos orgasmos…
Cerré mis ojos sin poderlo evitar, la energía de Electra estaba agotada, herida, debía descansar para reponerla.
Desgraciada bruja haciéndose la fuerte y es una debilucha.
Pasos de nuevo llegaron hasta la cama… creo.
En medio de mi somnolencia, algo frío comenzó a pasarse por mis brazos.
Suspiré de placer ante la sensación, que recorría mis extremidades y me sumí en un estado de hibernación.
*****
SILAS.
Cada vez estoy más demente, esa es la única explicación que le encuentro a mis actos.
¿Por qué me quería desnudar delante de ella, para mostrarle qué?, ¿mi cuerpo asqueroso y mutilado?
Por supuesto, me rechazó por completo, a pesar de que estaba excitada, he estado con demasiadas mujeres como para no notarlo.
Estas hechiceras utilizan todo tipo de pociones pervertidas para follar como animales con sus esclavos; ella parecía estar presa de algo así.
Entonces, ¿por qué no me utilizaba?
Y lo peor, ¿por qué cada vez más deseaba ser utilizado?
Me quería abandonar, lo vi, me iba a enviar lejos con ese hombre, donde estaban sus otros esclavos.
Algo raro se movió en mi pecho, algo oscuro y peligroso.
Esa vez no obedecería, estaba dispuesto a asesinarlo, no quería estar en otra barraca, todo mi ser gritaba estar… junto a ella.
¿Es por esa magia poderosa que oculta?
Cada vez que la maldición en mi interior la ve, quiere acercarse a devorarla de una manera enfermiza y posesiva.
Ella me sanaba en su habitación, con los ojos cerrados, pero yo estaba observando su ser, el verdadero, ese que me interesa.
¿Quién eres? Muero por saberlo.
Mi nariz aspiraba el olor que desprendían sus poros, a sudor embriagante, y ese aroma intenso que me recordaba a los dulces lirios del valle, a mi hogar.
Pequeños besos contenidos, temía que se despertara y me rechazara, no parecía atraerle de esa manera.
Mis labios se separaron y mi lengua salió a lamerla, a degustarla.
Mi respiración se hacía más pesada, mi cuerpo entero tenso, endurecido.
Esperaba la familiar sensación de revuelta en el estómago, las ganas de vomitar, pero no fue así y me ahogaba en la curiosidad de probarla.
—Mmmm, no, no… —gimió entre sueños, pero esta vez fui un esclavo muy desobediente.
Mi mano se coló por debajo de la tela y acarició el otro seno.
Mis dedos jugaban con el pezón erguido, lo pellizcaba y manoseaba, apretaba su carne con fuerza, con deseo.
Mi boca se abrió para comerse la piel fruncida y suave, mis labios chupaban humedecidos, sonidos morbosos escapaban de mi garganta.
La lengua rodeaba una y otra vez el delicioso pico, le daba golpecitos y succionaba, deseando sacar la leche de su interior.
Gemidos apresurados escapaban de su boca, el olor a lujuria se elevaba en el aire, su piel se calentaba más y más, abrazadora y sudada.
Comenzó a retorcerse, pegando sus muslos, deseaba que la tocaran en su coño y yo lo haría, por supuesto que lo haría.
Bajé mi mano y acaricié su muslo hasta arriba, por la cara interior, sin dejar de mamar sus senos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...