SILAS
Mis dedos se hundieron en la hendidura mojada por encima de la suave tela de su braga.
Estimulé su vulva arriba y abajo, apretando más en ese punto sensible que la debería enloquecer.
Estaba empapada, deseosa.
—Sshh, aahhh —arqueó su espalda sumida en sus deseos, sus puños se cerraban agarrando la sábana, mi cuerpo entero prácticamente encima del suyo sobre la cama.
Mi mano apartó el tejido y me hundí en el pecado entre sus piernas.
Suave y mojada, resbalosa, temblorosa, deliciosa…
Jugué un poco con su intimidad; mis besos subían por su cuello, donde vibraban sus gemidos.
Acariciaba su clítoris, lo estiraba un poco y pasaba la yema para moverlo arriba y abajo; se endurecía y latía bajo mi toque vigoroso.
—Másss… —sentí su mano agarrando mi cabello, cerré los ojos disfrutando de sus caricias.
También quería que me tocase, que me deseara, que sus labios se fundieran en mi piel, en mi pene… en mi boca.
Hundí un dedo en su coño, la penetré poco a poco sintiendo el estremecimiento de sus músculos vaginales.
Buscando la posición donde la haría venirse más rápido, su cuerpo era tan honesto.
Su vagina me chupaba como una flor devoradora.
Moví mi dedo bombeando adentro y afuera mientras el pulgar hacía su trabajo sobre el clítoris.
Mi boca imprudente subió, besándola hasta donde sus labios entreabiertos resoplaban y gemían excitados.
Sabía muy bien que estaba fuera de su mente; ni siquiera se molestaba en ocultar esa esencia que vivía en su cuerpo y era la parte que me hacía vibrar y desearla.
Mis ojos entrecerrados la miraron de cerca.
Yo tampoco estaba bien; me ahogaba dentro de un volcán a punto de explotar.
Si me estaba hechizando, era el encantamiento más macabro del mundo porque no deseaba detenerme.
La penetré con otro dedo, masturbándola con rapidez, follándomela hasta los nudillos.
Su pelvis se elevaba de la cama contra mi mano, ella estaba cerca.
Aspiré obsesionado el olor dulzón a esas flores silvestres; me recordaba mi casa, me recordaba cuando era feliz.
Subí a horcajadas sobre su cuerpo, el mío por completo desnudo, por primera vez temblando de morboso placer y lujuria desenfrenada.
Aceleré los movimientos de mi mano en su vulva y la otra bajó a mi pene, goteando deseos sobre su vientre.
Me toqué como nunca antes; siempre aguantaba todos los brebajes y hechizos de lascivia.
Prefería soportar el pene a punto de reventarse a aliviarme, pero esta vez no podía más, era insoportable.
Lo apreté en un puño desesperado; mi mano ruda resbalaba arriba y abajo, arriba y abajo, mis dedos entraban y salían de esa delicia de coño y mi boca devoraba su cuello, la chupaba y lamía, me comía sus tetas como un adicto.
Sus uñas se clavaron en mi espalda y un gemido ronco y profundo vibró en su garganta cuando se corrió por mis caricias.
El semen sobre su coño lo podía limpiar, pero las marcas en sus senos, en su cuello, las huellas de mis manos y mi boca… ¿se curarían?
¿Ella estaría disgustada cuando se despierte?
¿Le daría asco que un esclavo deforme se haya aprovechado de su cuerpo?
De repente comencé a ponerme nervioso por mis actos impulsivos.
Además de lo que sea que me ate a esta mujer, también es mi boleto para la venganza. No podía dejar que me desechara.
Llevé mis dos manos a mi rostro y hundí los dedos en las quemaduras y heridas, en las rugosidades de las cicatrices.
Una risa retorcida y demente se escapó de mi pecho.
Era más fácil cuando solo pensaba en matar, ¿ahora qué hago con todas estas sensaciones innecesarias?
Me levanté y tomé el trapo para limpiar la evidencia de mis deseos.
Existía otro secreto que nunca le diría; antes me complacía tanto y ahora, lo aborrecía.
Tantas porquerías y encantamientos agresivos, tantos experimentos para hacerme más dócil, para siempre estar erecto, para eyacular más, todo había destrozado mi cuerpo.
No recordaba muchas cosas del pasado como un prisionero, pero eso no lo olvidaría.
Bajé mi valor frente a Lucrecia cuando descubrió que yo nunca le daría lo que tanto ansiaba.
La mujer que habita dentro del cuerpo de Electra no lo puede saber… no puede saber que solo soy un esclavo infértil.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...