Entrar Via

El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 209

SIGRID

—¡Electra! —escuché el molesto chillido de Drusilla a mi espalda cuando ya había entrado a los dominios de la bruja mayor.

Con cara de fastidio, me giré para enfrentarla.

Venía ataviada con un hermoso vestido burdeos, el cabello recogido con una larga trenza que ondeaba a su espalda.

—Creí que llegaba tarde y Morgana me regañaría, pero si su favorita aún anda por aquí, entonces estoy salvada —resopló y enseguida un hombre a su espalda le secó la frente con un pañuelo blanco bordado.

Era un apuesto elemental, joven, demasiado joven, y bajo el trajecito elegante que llevaba igual pude ver los moretones en sus muñecas cuando subió la mano para secarle la frente.

Ni siquiera se podía secar su asqueroso sudor sola.

—Ya basta, aléjate, que quiero hablar con mi hermana —lo empujó y caminó hacia mí queriendo sostener mi brazo.

Di la vuelta y la dejé plantada en su sitio y con el asco revolviéndose en mi estómago.

La verdadera Electra era bien fría y con estas desgraciadas no tendría ni que fingir.

—Como siempre, la reina de las nieves —resopló y me seguía por este pasillo lleno de alfombras y cuadros gigantes, de lámparas anclaras en las paredes.

Me parecían tan sofocante como todo este mundo entero.

—Sus señorías, la Sra. Morgana, las espera —el mayordomo nos hizo una reverencia y dos mozos abrieron las puertas del gran comedor.

Al menos algo de espacio, lujo y sofisticación en cada cortina pesada, cuadro y ornamento.

Una mesa gigante, como para más de 20 personas, aguardaba en el medio y a la cabeza de ella, una mujer nos esperaba.

Tomaba tranquilamente de una copa de vino y ni siquiera se molestó en subir la cabeza a mirarnos o darnos la bienvenida.

Su cabello negro alternaba con grandes mechones en blanco y lo llevaba en un alto recogido con hebras ondeadas cayendo sobre sus hombros y espalda.

Su cara era regordeta, aunque de facciones hermosas.

Llevaba un vestido bien escotado en negro, de satén y encaje, con vaporosas mangas, donde los enormes senos casi estaban al reventar y salirse.

Todo en ella era grande y emitía poder, supremacía, la señorona del feudo De la Croix.

Enseguida Drusilla casi fue a besarle los botines, ¡qué tipa más arrastrada!

—Y tú, ¡no creas que no sé lo inútil que eres! —retiró su mano de los labios de Drusilla con asco.

—Hermana, no sé de qué me hablas, yo, yo… —me miraba furtivamente y yo la observaba por el rabillo del ojo, solo sirviéndome una copa de vino.

—¡Vete a sentar y ya deja de lloriquear! ¡Es el colmo que mandes a la niña a hacer tus trabajos sucios!, ¡inepta! —le gritó y Drusilla, disimulando los ojos rojos, se sentó frente a mí, al otro lado de la mesa.

Genial la reunión familiar.

Morgana aplaudió y los sirvientes entraron con los carritos de comida.

Comenzaron a hablar ella y Drusilla sobre cambiar a sus esclavos y de probar un método nuevo de fertilidad para ver si los bebés no salían “defectuosos”.

Diosa, qué obsesión tenían con perpetuar el linaje, sabía que era difícil concebir para los seres sobrenaturales, pero ya esto rayaba en lo enfermizo.

Electra era la llamada “niña” para Morgana, porque la consideraba muy joven aún, estaba en su etapa de tontear y follarse esclavos por doquier.

De jugar y “explorar el sexo” aún sin la presión que llevaba Drusilla de quedar embarazada, pero eso pronto cambiaría.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación