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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 210

SIGRID

—Electra, como te comenté, ya creo que es hora de que comiences a buscar un buen partido. Recibí una invitación del castillo Vlad para un baile —fijó entonces su atención en mí.

La miré a sus ojos llenos de planes astutos, mientras comía mi pollo.

Mi mente pensaba frenética, los Vlad, justo esa era la casa del tío abuelo, me convenía ir a su fiesta y buscarlo.

—¿Será pronto? Estoy en mis días “susceptibles” —le hablé por lo claro, aquí todas se metían esos encantamientos para ser unas zorras putonas con justificación.

—Oh, no, no, querida, será en unos días, pero si estabas así, me lo hubieses dicho y cenábamos en otra ocasión.

—Ahora estoy bien, no te preocupes —subí los hombros sin darle importancia—. Iré cuando llegue el momento.

Asintió complacida.

Las relaciones entre especies sobrenaturales eran algo complejas en esta etapa, la mayoría eran parientes de alguna manera, más de un matrimonio escandaloso se había dado.

También por el mismo tema de lo difícil de procrear, el hecho de estar casados no eliminaba a los esclavos sexuales elementales, e incluso las parejas lo compartían como algo normal.

¿Dónde quedaba el amor verdadero y el lazo del destino? El uno para uno, creo que muy pocos se amaban aquí de verdad.

—¿Te satisfacen tus esclavos? Puedo cederte alguno de los míos. ¿Ese nuevo es bueno en la intimidad, a pesar de sus “características”? —me dice frunciendo un poco el ceño.

Es obvio que Grimm ya le pasó el reporte.

—No sabía que tenías fetiche por los raritos, Electra —Drusilla hace una risita burlona, mirándome con sarcasmo.

—Es bueno en la cama y la tiene grande, no como tu último marido vampiro que asesinaste. Escuché que tenía un manisito allá abajo. ¿Fue por eso que apareció envenenado?

Pinché una uva con el tenedor mientras me satisfacía ver su cara poniéndose de todos los colores.

—¡Respeta a tu hermana!, ¡Morgana! ¿Cómo puedes dejar que me hable así? —puse los ojos en blanco, Morgana no me iba a regañar si estaba disimulando la risa detrás de la copa de vino.

—¡Al menos yo he salido embarazada cuatro veces! ¿Cuántas veces lo has hecho tú? —se levantó tirando la servilleta sobre la mesa, enojada y humillada.

—¡Ya basta, Drusilla! —Morgana dio un golpe en la madera que hizo tintinear todos los platos.

—¡Siempre tienes que hacer una maldit4 escena! Deja en paz a Electra, es muy joven, ya se pondrá en eso pronto.

Le aseguró, y parecía que no sabía, que en realidad Electra lo había intentado muchas veces sin resultado.

En eso el mayordomo entró y le susurró algo al oído a Morgana.

— Estupendo, hazlos pasar, así lo vemos todas – asintió complacida.

Algo me estaba dando demasiado mala espina.

Como en efecto, se abrió la puerta e hicieron pasar a un grupo de cinco esclavos elementales.

—¿Qué? ¡¿Te estás meando en mi presencia?! ¡Asqueroso! —rugió cuando el chico, de tanto miedo que sentía, parecía haberse orinado encima.

El olor acre flotó en el aire.

—¡Tráeme el cuchillo! —gritó y más llanto aparecieron.

Tenía que hacer algo, porque ni siquiera me imaginaba lo que esa loca haría con un cuchillo en el cuerpo del pobre muchacho.

—Morgana, no te enojes, hermana, vamos, eso te hace daño —me levanté enseguida y la tomé por la cintura.

No sé por qué, pero a Morgana le gustaba mucho Electra, parecía que veía su maldad reflejada en ella.

—Ni te acerques, no te vayas a ensuciar —me hizo dar un paso atrás cuando el líquido turbio formó un charco alrededor del esclavo que había caído de rodillas a punto del desmayo.

—Déjamelo a mí, ¿no me ibas a dar uno de ellos?

—¿Para qué quieres a este inútil, no te va a poder satisfacer? —alzó la ceja clavándome la mirada.

—Necesito sujetos de experimentos, da lo mismo que la tenga chiquita o grande, al final se le va a achicharrar de todas maneras.

Fingí indiferencia alzando los hombros como si hablara de animales en vez de personas.

—Bueno, si es así, ¿qué más da?, ¡arrástralo hasta los calabozos de la mansión de Electra, al idiota este!

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