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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 211

SIGRID

—¡Como vuelvas a traerme esclavos tan débiles, te despellejaré a ti! —le gritó al mayordomo y se llevaron al chico desmayado, sin embargo, me faltaba otra por rescatar.

—Bueno, es mi turno de escoger entonces también, ¿no?

Observé a Drusilla enseguida dirigirse a la chica con el cabello castaño y ojos grandes inocentes como un ciervo a punto de ser sacrificado.

Sus manos recorrieron su rostro con delicadeza.

—Mmm, hermosa, me encanta —se acercó a olerla en el cuello y fue bajando las manos hasta sus firmes y generosos senos que acarició, apretando la tierna carne.

Las lágrimas de la chica bajaban por sus mejillas enrojecidas, pero aguantaba con más valentía que los propios hombres, mordiéndose los labios al punto de sangrar.

—¿Eres virgen? —le preguntó con su mano descendiendo sobre su vientre —¡Respóndeme cuando te pregunto!

Pellizcó dolorosamente su estómago.

—Sí, sí… señora… — hipó llorando con más fuerza.

Drusilla sonrió complacida, sus ojos fueron directos a la intimidad de la chica y sus manos serpentearon venenosas para tocarla entre las piernas.

Le encantaba jugar con mujeres, de hecho, aquí ninguna de ellas discriminaba en el sexo.

—Qué lástima, hermanita, pero resulta que como sabes, también estoy experimentando y me gusta mucho esta pequeña esclava —agarré su muñeca, acercándome con rapidez a ella.

Se la apreté tan fuerte que estaba a punto de romperle los huesos.

—¿Pero qué…? ¡Me sueltas! ¿Qué te sucede, Electra? ¡Estás hoy para meterte conmigo, nunca te han gustado las doncellas!, ¡¿esto es nuevo?!

Me gritó, zafándose de mi agarre y frotándose la marca de mis dedos sobre su piel.

—Recuerda que me debes, Drusilla y más te vale darme lo que quiero o quién sabe lo que le pueda contar a Morgana —la amenacé en voz baja, a pesar de que sabía que Morgana estaba al tanto de todo.

Drusilla vaciló, Morgana no se metió a favor de nadie, le encantaba ver el mundo arder y que las demás se arrancaran la cabeza para su deleite.

—Bien, que la disfrutes —me dijo entre dientes y con odio en su mirada.

Toda la vida había envidiado a Electra, la muy bruja.

—Bueno, como siempre, nada novedoso, bien podía madre haberse saltado a la hija del medio —Morgana sentenció con aburrimiento y Drusilla casi se envenena con su propio bilis.

—Gracias hermana, por la cena, envíame la invitación con los Vlad y por favor, no me molesten en estos días —le dije girándome hacia ella.

—Por supuesto, querida, que la Diosa te acompañe, disfruta mucho del placer.

Me acarició el rostro como una madre amorosa, y por un segundo nuestros ojos se quedaron fijos, el uno en el otro.

—Mientras me seas leal y obediente, no te trataré mal, ¿entiendes? —le dije con frialdad, pero sin hablarle como si fuese solo un pedazo de carne.

Asintió, no muy convencida, posiblemente ni me creía.

No importaba, la pondría como mi doncella personal o algo así, fingiendo que me interesaba y manteniéndola a salvo.

Al paso que iba, fundaría una casa de refugiados, pero simplemente no podía mirar hacia un lado.

—Vamos — le ordené y al dar la vuelta para caminar hacia las altas escaleras, alguien me estaba esperando en la parte de arriba.

Subí mi mirada, sabiendo que era Silas, a pesar de su cuerpo sumido en las tinieblas de la noche, la luna apenas brillaba en el cielo.

Me asombré por un segundo, debido al odio contenido en su ojo.

No me observaba a mí, sino a esta nueva esclava.

La magia oscura en su interior estaba descontrolada, rabiosa, aplastante, fría y con intenciones asesinas sangrientas.

Casi la podía sentir pulular por fuera de su cuerpo, creando un manto negro de sombras.

—Silas, ¿qué haces aquí tan tarde?… —pregunté con cautela, preparándome para cualquier reacción violenta.

—¿Quién es ella? —su voz era un gruñido bajo, cargado de un resentimiento oscuro que no había escuchado antes.

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