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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 213

SIGRID

Diosa, me estaba excitando demasiado este Silas arbitrario y dominante, masculino e impetuoso.

—Silas, estás siendo irracional, solo cené… —me encontré incluso dando explicaciones, los latidos de mi corazón se aceleraban.

—Se demoró mucho para solo una cena y trajeron a otro esclavo desmayado y luego regresó con esa mujer, ¿lo hizo con ambos o con más? ¿Dejó que la tocaran?

El peligro se filtraba entre sus dientes, su cabeza se hundió en mi cuello y comenzó a olerme toda la piel como buscando rastros de otras esencias.

—Con nadie, maldición, no lo hice con nadie…

—Pruébemelo.

—¿Qué?… —mi respiración se aceleró, comenzaba a ponerme algo nerviosa, ¡qué rayos!, ¡¡tengo que resistir!!

—¿Cómo… cómo puedo probártelo? Ya te di mi palabra, obedece…

—No —se negó así sin más, este esclavo rebelde.

Un segundo después, su mano en mi cintura empezó a acariciar por encima de mi vientre, su boca daba suaves y húmedos besos en el lateral de mi cuello, donde la vena latía frenética.

—Quiero comprobar que no me miente…

—Silas, espera, mmmm… —pero mis propias órdenes terminaban en gemidos.

Su mano se hundió entre mis piernas, entre las capas de tela sentía el avance de sus dedos manoseando sobre mi clítoris, que crecía y se hinchaba por la estimulación.

Abrí las piernas para darme mejor acceso a mi hendidura, apretando los labios para no gemir ante sus provocaciones.

La mano en el cuello bajó a mis pechos, pellizcándome sensual el pezón izquierdo que sobresalía por la tela blanca de la blusa.

—Silas, espera… —le susurré cuando bajó rudamente mi blusa por los hombros, desabrochando los cordones del frente a tirones y descendiendo la tela.

Mis senos quedaron expuestos, hinchados, sensibles, elevados por el corpiño debajo.

La tierna carne erizada por el frío, pero pronto dos manos calientes empezaron a jugar con ellos.

Los finos labios de Silas lamían mi oído y chupaban mi lóbulo, sus dedos pellizcaban mis pezones, los retorcían y estiraban, se restregaba sobre la aureola.

Apretó mis senos con la fuerza justa para tenerme jadeando, enloquecida de placer.

Moví mis muslos entre ellos, quería más, deseaba que me tocara allí abajo como hizo en la tarde.

—Pídamelo —gimió en mi oído y sentí contra mis nalgas su dura vara ardiente—. Ordéname lo que desea, mi señora.

Me pidió dominante como si yo fuese la esclava, y sus dientes mordieron mi hombro desnudo para luego lamerlo.

Apreté los labios, me avergonzaba, yo no era Electra, pero no podía resistirme, por todos los cielos, el fuego de la lascivia me consumía por dentro.

—Tó… tócame…

Pronto tuve el bajo de la tela entre mis dientes, sentía frío en los muslos al desnudo, los botines me llegaban apenas a las rodillas.

—Abre más las piernas, más… —sus órdenes eran imperiosas, susurradas como un afrodisíaco sobre mi voluntad.

Sus dedos acariciaron suavemente, lenta y torturadoramente mis muslos, hacia arriba, primero por fuera, luego por la cara interna.

Mi entrepierna palpitaba, quería que me tocara con desesperación.

Gemí amortiguado cuando llegó a mi braga empapada y comenzó a frotar mi hendidura por fuera de la tela que se pegaba a mi sexo.

“Por dentro, Silas por dentro, por favor”

Empiné mi pelvis hacia delante, abrí más las piernas, mi cuerpo gritándole con honestidad lo que deseaba.

—Ahora comprobaré si de verdad me mentía…

—Mmmmggg —subí mi cabeza mordiendo con fuerza la tela cuando al fin me acarició directamente el coño apartando la braga a un lado.

Sus dedos lujuriosos se mojaban en mi miel, tomó el clítoris entre las yemas apretándolo, torciéndolo placenteramente, dándole suaves jalones o moviéndolo rápido de repente.

Me tenía derretida, mis resoplidos y gemidos aumentando a medida que el deseo se construía en mi vientre.

“¡¿Por qué no entras, quiero que toques dentro?!” le gritaba en mi mente enfebrecida, parte de mi magia escapaba sin control para enredarse con la de Silas.

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