SIGRID
Me daba la sensación de poder sentir muchas cosas dentro de él, locura, obsesión, lujuria, confusión e incluso miedo y dudas.
—Acuclíllate, apóyate sobre mis muslos —tomó el borde de mi braga y me la bajó por completo por los muslos donde quedó atascada.
No entendía, pero lo obedecí.
Al momento me sentí demasiado expuesta, era como si fuese a hacer pis.
En esta esquina a oscuras, en medio de la madrugada, aferrándome a la pared, mientras mordía mi vestido, semidesnuda, con los senos afuera, piernas separadas y las nalgas empinadas.
Mi coño se abrió por la posición, mi espalda arqueada y mi trasero contra la caliente dureza de Silas, al menos sabía que estaba igual de excitado.
—Mmmm —comencé a querer hablar.
Hice por incorporarme, pero él se aferró a mis caderas de manera dominante y me sentó sobre sus muslos, también estaba en cuclillas.
Me mantuvo en esa posición tan bochornosa.
—Así te vas a venir más rápido, te va a gustar, no cierres las piernas —de nuevo esa voz magnética en mi oído.
Asentí temblando por completo, mi espalda apoyada a los fuertes músculos de su pecho y expuesta por completo a sus caprichos.
Su mano fue de nuevo a uno de mis pechos que manoseó de manera sensual, lenta, las caricias de sus besos bajaron tiernas por mis hombros.
Parecía que intentaba relajarme y lo estaba logrando.
La palma de su otra mano se posó en mi monte de Venus, perezosa, tocando solo el clítoris inflamado y palpitante.
“Mmmm, sí, sí, Silas”, lo llamaba en mi interior.
Le daba acceso a mi cuello donde su boca quemaba mi piel, sentía la rugosidad de la madera de su máscara.
Un grito amortiguado salió de mi garganta cuando al fin metió dos dedos, primero las yemas, suaves y exploratorias.
Falange por falange, adentro y afuera, con sonidos de chapoteo, fue enloqueciéndome hasta que los nudillos chocaron contra mi vulva.
En esta caliente posición comenzó a masturbarme tan deliciosamente que solo podía menearme sobre él, ondeando mis caderas, moviendo hacia delante mi pelvis, como si su falo me estuviese tomando.
Me ahogaba en el placer cada vez que apuñalaba ese punto demasiado sensible dentro de mi vagina, lo masajeaba bien rico, Diosa estaba perdiendo el control.
Mis uñas casi arañaban la piedra, agitada, mojaba de saliva la tela en la boca, mi respiración salía sofocada a medida que sus embistes se volvían más vigorosos.
Bajó la otra mano y masturbó rápido mi clítoris con el dedo del medio, sin misericordia, sus gemidos roncos en mi oído me prendían en llamas.
Su boca me chupaba, lamía y atormentaba.
Su buen humor llegaba hasta mis sentidos.
—Cállate, has sido un esclavo muy desobediente hoy —le gruñí tapando mi cara enrojecida con enojo.
Intenté incorporarme, pero mis muslos temblaban como locos. Mantener tensa tanto tiempo esta posición de cuclillas, me pasó factura.
—Aaah —me caí sentada de golpe sobre Silas.
La dura vara se encajó entre mis nalgas mientras él me sostenía, abrazándome sobre su cuerpo, sentado ahora en el suelo.
—¿Se lastimó?
—No, no, me quiero levantar…
—Espere, espere solo un segundo a que reaccionen sus piernas —se aferró más a mi cintura.
En realidad, mis piernas estaban bien, pero asentí y nos quedamos en silencio.
Escuchaba su respiración en mi cuello, su fuerte corazón bombeando contra mi espalda, ese olor tan intenso y oscuro que desprendía su cuerpo calmaba mis sentidos.
Por un segundo yo también estaba agotada de fingir, me permití ser yo misma, solo por un momento.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...