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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 216

SIGRID

El flashback de mis gemidos excitados y los de Silas, de mi boca diciendo que necesitaba ir al baño… por todos los cielos.

¿Podía morirme ahora mismo, aquí y ahora?… por favor…

Pensé en despacharla con rapidez y salir de este momento tan incómodo, pero Silas se me adelantó caminando hacia ella.

Me tensé, igual me acerqué, esperaba que no me desobedeciera en esto o sí que me enojaría con él. — Silas— lo llamé con dureza, pero sin responderme, le arrancó con rudeza mi capa de encima a la chica.

— No toques las cosas de mi señora - le habló autoritario.

— Y no la sigas molestando con tu presencia, márchate por ese pasillo al área de servicio, mañana su Señoría dará órdenes para ti.

La chica, a pesar de su miedo evidente, se quedó en su sitio, temblando, dándome miradas furtivas y ansiosas, y mi ceño cada vez más fruncido.

— Pero… pero su señoría me eligió para servirle en la cama…

— ¡¿Qué?! - Silas dio un paso hacia ella hablándole entre dientes, el aire olía a asesinato.

¡Maldici0n, maldici0n!

— ¡Ya basta!, ¡basta! - me interpuse enseguida entre ellos.

Esta esclava no tenía sentido de autopreservación.

— Márchate al área del servicio y como digas algo de lo que viste o escuchaste aquí, yo personalmente te arrancaré la lengua. ¿Entendido? —La amenacé, aunque dudo que se haya enterado de nada.

Asintió enseguida con ojos rojos llorosos.

— ¡Vete de una vez! - y se fue corriendo por el pasillo.

Suspiré tocándome la frente, después vería qué hacer con ella.

Esto de salvar esclavos me estaba consumiendo media vida.

Si solo les mostrabas un poco de amabilidad, se pegaban a ti e intentaban complacerte, sabiendo que lo seres naturales solo buscaban para lo mismo.

Sexo, orgías y placer.

Ella únicamente quería mantener su puesto en esta mansión.

¿Acaso Silas pensaba igual?

¿Tendría el síndrome de agradecerle a la única persona que le ha mostrado algo de amabilidad?

Por el momento, cuando me giré, su rostro era negro, ofuscado y cruel.

Su mirada de reproche, que luego ocultó bajando la cabeza.

¿Silas estará confundiendo agradecimiento con sentimientos amorosos? ¿Acaso es por nuestras magias compatibles?

Reprimida, oculta dentro del cuerpo de otra mujer, sin la totalidad de mis poderes y mis instintos, todo me parece tan confuso.

No lo sé, yo no confío por completo en él y sé que él tampoco lo hace por completo en mí.

Puede incluso que esté tramando bajar mi guardia y tejer planes ocultos.

Es un hombre vengativo, se nota.

Él irá a por la cabeza de Lucrecia si tiene la oportunidad y yo soy su boleto de acercarse a ella.

— Solo tienes que recordar una cosa, Silas, no importa lo buena que pueda ser contigo ahora, o si te muestro favoritismo, para mí, solo eres un esclavo prescindible y desechable, nunca lo olvides —le respondí con toda la frialdad que pude reunir, como una verdadera hija de puta y comencé a subir las oscuras escaleras.

Su mirada quemaba en mi espalda, no se movió ni un milímetro.

Mi pecho dolía y sentía unas ganas infinitas de llorar.

Me tragué todo y estiré la espalda, porque yo no soy Electra De la Croix, Silas se estaba obsesionando con una impostora.

Nunca podía olvidarme de lo único completamente verdadero: él se quedaría aquí y yo me iría en algún momento a mi hogar.

No somos parte del mismo tiempo, ni espacio, no estamos destinados a estar unidos.

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