SILAS
Respiro profundo, calmando mi caos interior, resuelto, como cuando resistía y guardaba mi odio una y otra vez, planificando algún día mi venganza.
Bajé mi mano con las uñas sangrando, algunas levantadas en carne viva, este dolor ya no es algo que me afectase.
Recogí la máscara y la miré, mi dedo acarició el relieve de la talla sobre la madera oscura.
Solo tengo que ser más inteligente, hacer mis cálculos en silencio y esperar.
Caminé al fin de regreso a mi habitación, dispuesto a ser de nuevo el esclavo más desobediente de todos.
*****
SIGRID
Lo estaba pasando fatal, por la Diosa, apenas pude dormir anoche.
Sentía un fuego que me consumía la vagina y me hacía hervir gritando por un orgasmo, o mejor varios.
No sé cuántos baños fríos me di, cuántas veces me toqué, retorciéndome de deseos insatisfechos, estas ganas de tener algo penetrando en mi interior no cesaban.
Maldecía a Electra, a este mundo y al momento en que decidí aceptar esta locura.
El hecho de recordar mis intercambios íntimos con Silas no ayudaban en nada a mantener mi cordura.
Me levanté de la cama, luego de haber dormido, si acaso, una hora.
Caminé hasta el cuarto de baño y me miré al espejo.
Era un desastre, mi piel brillante y pegajosa por el sudor, ojeras bajo los ojos, el cabello parecía un nido de ave.
Diosa, ¿cuándo terminará esta tortura?
Lo más sencillo sería buscarme uno de los tantos esclavos sin importancia de Electra para satisfacer mi cuerpo, pero me niego a obligar a nadie.
Mi mente sigue llevándome a Silas.
No, no, no, debo mantener la distancia, este juego con Silas es peligroso, no terminará bien para él, no quiero que se aferre a Electra.
Llamo al servicio jalando la cuerda cerca de mi cama, a través de un dispositivo mágico, doy mis órdenes e indico a la servidumbre que envíen a la nueva esclava.
Tengo que fingir que me interesa en algo.
Grimm está ahora confinado en las caballerizas, de castigo, pero eso no quita que mantenga un ojo en las cosas de la mansión.
Estoy cepillándome el cabello cuando llaman a la puerta.
—Entra — ordeno, sentada frente al tocador, cepillándome un poco el cabello.
Entra con dos mozos que se encargarán de llenar la bañera.
—La ayudo, mi señora — antes de dar mi consentimiento, sus manos van a mi camisón de dormir, baja las mangas holgadas con suavidad y cuando sus dedos pasan por mis senos expuestos, intenta acariciarme.
—No — doy un paso atrás, agarrando la prenda para que no caiga al suelo, no quiero quedarme desnuda delante de ella.
—Por favor, perdone a esta esclava, su señoría, lo lamento, lo lamento… — se arrojó al suelo, arrodillándose con la cabeza baja.
Pensé en todas mis opciones y la manera de utilizar yo a esta esclava para engañar a Morgana.
—No tienes que estar siempre tan nerviosa — bajé la mano y tomé con suavidad su barbilla, sus ojos expresivos enseguida me miraron expectantes.
—Yo… yo puedo servirla bien, su señoría, no, no me venda, puedo hacerlo bien…
—Claro que lo harás bien — le sonreí con intenciones ocultas, como lo haría Electra, a pesar de las ganas de vomitar que se me revolvían en el estómago.
— Por la noche solicitaré tus servicios, prepárate.
—Sí, sí, su señoría — asintió incluso entusiasmada y nerviosa, su boca fue a besar mi mano, pero la aparté enseguida.
—Ahora levántate y pídele a un mozo que me traiga otra tina de hielo, ve — le ordené fríamente y la vi salir con prisas, agarrando el dobladillo de su falda y corriendo fuera de la habitación.
Pfts, ¿la idiota de Morgana no quería controlar si yo seguía siendo la misma asquerosa y lasciva de su hermana?, pues le iba a mostrar justo lo que deseaba.
Si ella era una bruja poderosa para manipular la mente de las personas, yo lo era mucho más.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...