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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 219

SIGRID

Bajé al fin el camisón que cayó al suelo y caminé desnuda hacia el baño, donde sabía que ni todo el hielo del mundo podría apagar este incendio.

¿Dónde está Silas?

Subí la torneada pierna a través del borde grueso de madera y me sumergí en una tina redonda de agua congelada, los trozos de hielo flotaban en la superficie.

—Mmm — gemí aliviando un poco mis sofocos.

“¿Será que fui demasiado dura con él? ¿Estará herido? ¿Me tendrá resentimientos y odio?”

“Mejor que odie a Electra, mejor así” me lo repetía una y otra vez, pero cada segundo que pasaba me ahogaba más en el anhelo de verlo y tener su presencia dominante cerca de mí.

*****

SILAS

Observé oculto detrás de la columna cuando esa maldit4 esclava regresaba con un pesado barreño en la mano.

Apenas podía soportar las ganas de retorcerle el cuello, más le valía no haberle puesto un dedo encima a mi señora.

Esperé que pasara y antes de subir las escaleras, la embosqué por detrás, halándola por el brazo para arrojarla contra la columna.

Su espalda impactó con fuerza.

Antes de que gritase, le tapé la boca y pegué la afilada hoja a su cuello.

—Como grites media sílaba, te voy a rajar aquí mismo la garganta — le dije en voz baja.

Escaneé su piel expuesta, estuvo en la habitación muy poco tiempo, acerqué con asco mi nariz, solo tenía un sutil aroma al perfume de mi señora.

Lo odiaba, quería asesinarla aquí mismo y ahora.

Ver su rostro perfecto, su piel tan sana, tan hermosa, era aborrecible, deseaba arruinarla para que mi señora no se fijase en ella.

—Lo voy a decir una sola vez, si le dices de esto a su señoría, no importa qué castigo me den, esperaré mi momento y mínimo cortaré tu lengua — sentía esa oscuridad escapar de mí y asfixiar su cuello con saña.

Sus ojos en pánico, su cuerpo entero temblaba, el aroma de su miedo impregnaba el aire, el agua del barreño goteaba con el movimiento tambaleante de sus manos.

—No te atrevas a codiciar lo que no es tuyo, no sueñes con su favoritismo, o una noche puede que alguien se cuele en tu barraca y te estrangule mientras duermes. ¿Entendiste?

Comenzó a asentir frenéticamente.

Apreté más la punta contra su carne, un hilo de sangre comenzó a bajar y manchar su vestido.

Era solo encajarlo un poco más, solo un poco más en su vena frenética y acabaría con esta amenaza aquí y ahora.

Algo comenzó a mojar mi mano, entonces me di cuenta de que estaba llorando.

Alza la cabeza de esa manera tan sensual y su hombro derecho se mueve rítmicamente.

Sé muy bien lo que hace y que su mano está ahora mismo metida entre sus piernas, dándose placer.

Mi hombría tiembla endureciéndose, llegó un momento en el que pensé que además de infértil, me estaba quedando impotente.

Ahora sé que no es el caso.

Trago y controlo mi respiración excitada, resisto la tortura de esos gemidos orgásmicos penetrando en mis oídos.

Aguanto con todo, para no ir a satisfacerla.

Empujo la puerta de golpe y la sorprendo, se queda rígida deteniendo su masturbación y se gira con el rostro asustado.

Estaba tan emocionada que no parece haberme sentido.

¿O quizás sí lo hizo? Y solo me provocaba para que actuara impulsivo como anoche y bajara su calentura.

Quiero ceder, por primera vez soy yo quien desea doblegarse a esa mujer, pero no será tan fácil en esta ocasión.

“Si quiere que este esclavo desechable le dé un orgasmo, esta vez tendrás que suplicármelo con tu deliciosa boca.”

—Mi señora, le traje el hielo que solicitó.

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