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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 220

SIGRID

" Mmm, sí, sí, justo así… mmm, Silas, más rápido, más… "

¡BAM!

El ruido sordo de una puerta abriéndose de golpe me hizo quedarme más congelada que los hielos dentro de la tina.

Me giré conmocionada para descubrir que había sido pillada totalmente.

¡Diosa bendita, si estaba incluso gimiendo su nombre mientras imaginaba que eran sus dedos los que me tocaban!

—Mi señora, le traje el hielo que solicitó —entró y cerró la puerta, actuando como si no hubiese visto nada.

—Bien —fue lo único que atiné a decir mientras le daba la espalda y me hundía hasta que el agua prácticamente me tapaba la nariz.

Mi cabello corto flotaba en la superficie como una medusa negra.

¡Aaahhh, qué vergüenza! No, no, no… soy Electra, soy descarada y lasciva.

Esto no es nada, no puedo entrar en pánico por cualquier desliz sexual que tenga.

De repente, unas manos se colaron dentro del agua fría y comenzaron a recoger con suavidad mi cabello empapado en un moño alto.

Silas se había arrodillado detrás de mi espalda, apoyado en la madera, él fuera de la tina.

Tragué, cerrando los ojos, sin decir una palabra, solo abrazándome las rodillas flexionadas contra mi pecho y resistiendo las oleadas de deseo desenfrenado que me asaltaban.

Frío y calor asfixiante; intentaba concentrarme en cualquier pensamiento banal, pero todos mis sentidos me llevaban a las caricias de sus toscos dedos sobre mi cuello.

La respiración comenzó a volverse más y más pesada; me pegué por completo al borde de la tina, buscando su cercanía.

Sentía su aliento caliente caer sobre mi clavícula.

Aseguró mi cabello en alto, cerrándolo en su puño.

Ahora era suave, pero sabía que podía dominar por completo los movimientos de mi cabeza.

Lo dejé hacer lo que deseara; no podía resistirme, aunque quisiera.

Me estaba ahogando en el delicioso olor a oscuridad de su magia.

Mis ojos entrecerrados vieron su mano extenderse hacia delante de mi cuerpo.

Tenía los senos prácticamente expuestos; el agua apenas los cubría, y la aureola, tensa por la frialdad, salió, esperando ser tocada por esas callosas manos, pero Silas ni siquiera las rozó.

Lo observé metiendo la mano entre mis piernas, que abrí enseguida.

¡Diosa, si solo faltaban las palabras!

Le estaba rugiendo con todas mis acciones que necesitaba que me tocara con urgencia.

Debería gritarle que se fuera, tenía que mantenerme firme en mis objetivos, pero mi boca solo pudo gemir entrecortadamente cuando sus dedos acariciaron mi vulva, apenas por un segundo.

—Silas, ¿qué haces…? —le reproché con voz nasal, necesitada.

Solo había buscado un trozo de los tantos hielos que llenaban la bañera.

¡No, no, sígueme tocando!

—¿Su señoría puede hacer magia de transformación? —susurró ronco en mi oído.

—¿Qué? Sí, sí, claro… pero…

—¿Puede convertir este trozo de hielo en lo que yo quiera? —no entendía a dónde deseaba llegar.

Estaba que me lo violaba y él, ¿queriendo hacer magia ahora?

—Silas… bueno, sí… —le dije resignada y frustrada—. Piensa con mucha fuerza en lo que deseas que se convierta.

Estiré mi mano y la puse sobre la suya, que agarraba el trozo de hielo, nada pequeño.

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