SIGRID
" Mmm, sí, sí, justo así… mmm, Silas, más rápido, más… "
¡BAM!
El ruido sordo de una puerta abriéndose de golpe me hizo quedarme más congelada que los hielos dentro de la tina.
Me giré conmocionada para descubrir que había sido pillada totalmente.
¡Diosa bendita, si estaba incluso gimiendo su nombre mientras imaginaba que eran sus dedos los que me tocaban!
—Mi señora, le traje el hielo que solicitó —entró y cerró la puerta, actuando como si no hubiese visto nada.
—Bien —fue lo único que atiné a decir mientras le daba la espalda y me hundía hasta que el agua prácticamente me tapaba la nariz.
Mi cabello corto flotaba en la superficie como una medusa negra.
¡Aaahhh, qué vergüenza! No, no, no… soy Electra, soy descarada y lasciva.
Esto no es nada, no puedo entrar en pánico por cualquier desliz sexual que tenga.
De repente, unas manos se colaron dentro del agua fría y comenzaron a recoger con suavidad mi cabello empapado en un moño alto.
Silas se había arrodillado detrás de mi espalda, apoyado en la madera, él fuera de la tina.
Tragué, cerrando los ojos, sin decir una palabra, solo abrazándome las rodillas flexionadas contra mi pecho y resistiendo las oleadas de deseo desenfrenado que me asaltaban.
Frío y calor asfixiante; intentaba concentrarme en cualquier pensamiento banal, pero todos mis sentidos me llevaban a las caricias de sus toscos dedos sobre mi cuello.
La respiración comenzó a volverse más y más pesada; me pegué por completo al borde de la tina, buscando su cercanía.
Sentía su aliento caliente caer sobre mi clavícula.
Aseguró mi cabello en alto, cerrándolo en su puño.
Ahora era suave, pero sabía que podía dominar por completo los movimientos de mi cabeza.
Lo dejé hacer lo que deseara; no podía resistirme, aunque quisiera.
Me estaba ahogando en el delicioso olor a oscuridad de su magia.
Mis ojos entrecerrados vieron su mano extenderse hacia delante de mi cuerpo.
Tenía los senos prácticamente expuestos; el agua apenas los cubría, y la aureola, tensa por la frialdad, salió, esperando ser tocada por esas callosas manos, pero Silas ni siquiera las rozó.
Lo observé metiendo la mano entre mis piernas, que abrí enseguida.
¡Diosa, si solo faltaban las palabras!
Le estaba rugiendo con todas mis acciones que necesitaba que me tocara con urgencia.
Debería gritarle que se fuera, tenía que mantenerme firme en mis objetivos, pero mi boca solo pudo gemir entrecortadamente cuando sus dedos acariciaron mi vulva, apenas por un segundo.
—Silas, ¿qué haces…? —le reproché con voz nasal, necesitada.
Solo había buscado un trozo de los tantos hielos que llenaban la bañera.
¡No, no, sígueme tocando!
—¿Su señoría puede hacer magia de transformación? —susurró ronco en mi oído.
—¿Qué? Sí, sí, claro… pero…
—¿Puede convertir este trozo de hielo en lo que yo quiera? —no entendía a dónde deseaba llegar.
Estaba que me lo violaba y él, ¿queriendo hacer magia ahora?
—Silas… bueno, sí… —le dije resignada y frustrada—. Piensa con mucha fuerza en lo que deseas que se convierta.
Estiré mi mano y la puse sobre la suya, que agarraba el trozo de hielo, nada pequeño.
Giró al canto sin filo y empezó a pasarlo arriba y abajo, jugando con el duro pezón.
Su lengua caliente lamía la concha de mi oído, sacaba y metía la húmeda punta, me chupaba, jadeaba ronco y excitado justo en mi oreja.
Mi pecho subía y bajaba cada vez más rápido; la daga también dejó de jugar con mi seno para ascender por mi piel enchinada, entre las dos curvas, por el esternón, la clavícula.
Mi corazón latía desbocado, la respiración salía precipitada de mi boca, la punta de hielo acarició mi carótida.
Solo tenía que empujarla un poco y este cuerpo podría desangrarse en segundos.
Era una bruja, no inmortal ni indestructible.
Sin embargo, no hice nada para detenerlo, solo me expuse, me entregué en sus manos y le cedí el control que me pedía a gritos.
No sé explicar por qué, no puede entender las razones.
—Tan hermosa —susurró una voz enronquecida y extraña en mi oído.
La oscuridad espesa de su magia se filtraba por mis poros haciéndome vibrar, flotaba por encima del agua y se sumergía en el interior de mi baño.
Sabía que estaba enloqueciendo con mi entrega, que esto que le estaba permitiendo, lo estaba excitando demasiado, llevándolo a los límites del morboso placer, nuestras locuras resonando al unísono.
A través de los ojos de Electra miraba el techo lleno de pinturas, mis labios jadeando, y una punta congelada subía y subía, centímetro a centímetro, por todo mi cuello, hasta mi mandíbula, mi barbilla y luego acarició mi boca.
A la vez, besos lujuriosos, chupones posesivos y mordiscos profundos asaltaban mi piel.
Calor y frío, peligro y sexo, deseo, pasión y tinieblas.
—Cambia la forma de nuevo —gimió en mi oído, y yo parecía su esclava.
Subí la mano con los dedos temblando y apreté la suya.
La daga de hielo volvió a cambiar a una forma demasiado sugerente.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...