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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 221

SIGRID

Un gemido ronco escapó desde las profundidades de mi pecho.

Mi cuerpo se arqueaba hacia arriba, con las piernas completamente abiertas y la cabeza colgando del hombro de Silas.

Los dedos de mis pies se contraían y flexionaban, de puntillas contra el fondo de la tina.

Una mano aferrada al borde y la otra se movía rítmicamente, salpicando agua por fuera, guiando la de Silas bajo el agua, hundiéndole mis uñas en su muñeca mientras lo empujaba a penetrarme justo donde lo necesitaba.

—Más rápido… Silas, más… ahh justo ahí, sí… —gemía descontrolada, sin pensar en nada, mi mente en blanco solo ardiendo en lujuria.

—Mmm, shhh —lo escuchaba gruñir, chupando y besuqueando mi cuello, acunando y apretando sensualmente mis senos con su mano libre, jugando con los pezones.

Prácticamente, lo tenía encima de mi espalda como un animal salvaje enjaulado, conteniéndose para no devorarme por completo.

Cada vez que ese falo de hielo me penetraba, iba directo a ese bultico hinchado y sensible dentro de mi vagina, que estremecía mi cordura.

Silas movía el dildo en círculos, estimulando el clítoris cada vez que la frialdad lo rozaba, alternando movimientos largos y sensuales, profundos y deliciosos, con rápidos y vigorosos que me sacaban gritos de lujuria.

Me estaba enloqueciendo; empujaba mi pelvis hacia su mano, montándola… esto era tan caliente y frío.

Al principio tuve miedo de que me lastimara, y ahora mismo creo que el fuego en mi vagina estaba derritiendo el hielo.

— Ah, ah, ah… —gemía entrecortado con cada embiste, meneándome hacia arriba como una mujerzuela desesperada, el sonido del líquido salpicando a la baldosa no paraba.

Cerré mis ojos en blanco del placer, la cabeza apoyada en su hombro, y me arqueé por completo, sobresaliendo del borde del agua.

—Aaaahhhh —gemí, empujando la mano de Silas con la mía hasta lo más profundo de mi vulva, metiéndome por completo ese falo que había creado a partir de sus deseos.

Su rugosidad, la textura dura, la temperatura fría, todo me llevó al borde del orgasmo sin retorno.

Era tan pervertido y erótico.

Nuestras almas resonaban juntas, y nuestras magias se fusionaban, se acariciaban.

Llevé mi mano libre a su cabello corto, mojado en sudor y agua.

Giré mi cabeza y abrí mi boca para morder profundamente su cuello.

Deseaba marcarlo, hacerlo mío; si estuviese en mi propio cuerpo ahora mismo, mi loba y mi vampira le estarían hundiendo los colmillos.

El sabor a hierro intenso y espeso inundó mis papilas, y chupé por el puro placer del frenesí mientras las réplicas de mi orgasmo estremecían mi vientre.

Las brujas no necesitaban necesariamente la sangre; se “alimentaban” durante el sexo de la magia de su compañero, y la de Silas era mi afrodisíaco y mi perdición.

Parecía tétrica, asesina, pero a mí me enloquecía este hombre que se había colado de alguna manera y había logrado contactar con mi propio ser.

Un gruñido oscuro resonó en mis oídos y vibró en su garganta; el olor de su magia se hizo más intenso, de su masculinidad, picante y excitante.

Jadeaba con más y más fuerza, y escuché los embistes frenéticos y rápidos de sus caderas chocando contra la madera a mi espalda, buscando fricción con su miembro.

Silas se estaba corriendo, e imaginar el semen saliendo de esa venosa, rosada y enorme polla que solo había visto por momentos, hizo que mis pliegues se contrajeran con más fuerza, expulsando más dulces fluidos.

Mi imaginación me llevó a soñar con ese delicioso pene llenándome, que no fuera este dildo, sino él quien me montara, y rugí clavando cada vez más los dientes en su cuello, hasta que salí de golpe de mi burbuja calenturienta.

Estaba siguiendo los instintos olvidados de mi propio cuerpo.

221. INSTINTOS DE LOBA 1

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