Entrar Via

El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 222

SIGRID

De repente un sentimiento extraño se movió en mi interior, era lenta en las relaciones, pero no idiota.

Resultaba obvio que Silas se sentía atraído por Electra, me lo decían sus acciones, yo no lo obligaba a nada.

Bajé la mirada y a través de su pantalón oscuro vi la mancha viscosa de su deseo liberado, ni siquiera lo había tocado, él solo me daba placer a mí, o más bien a este cuerpo y, aun así, se había venido.

¿Será por la compatibilidad de magias?

Cada vez la teoría de resonancia de almas gemelas se me hacía menos loca.

Pero Silas creía que esa magia era de Electra y no.

“Silas, me llamo Sigrid, yo no soy esta mujer, tu magia oscura y maldit4 anhela la mía, la mía, no la de Electra.”

Bajé la cabeza y cerré los ojos sentada sobre la cama, ahora temblando de frío, recogiendo las piernas expuestas.

Sentía mi intimidad hinchada por las penetraciones de ese objeto duro.

—¿Duele? —de repente una voz me habló cerca y subí la mirada, él estaba inclinado sobre mí.

Su ceño fruncido, sus ojos examinándome por todos lados.

¿Estaba preocupado por mí? No.

Estaba preocupado por Electra, por esta bruja que se quedaría con él y destrozaría de nuevo su alma cuando yo me fuera.

—Sí duele, duele mucho —no pude evitar quebrarme por un segundo, quería ser débil, extrañaba mi casa, no sabía muy bien cómo regresar, si estaría sufriendo mi familia.

No encontraba qué hacer con todos estos sentimientos confusos en mi interior.

Estiré los brazos y en un segundo fui cargada contra su pecho, sentada sobre sus fuertes muslos, mientras acunaba este cuerpo de manera protectora.

Me sentía tan pequeña aferrándome a su camisa mojada, hundiendo la nariz en su piel dañada pero tan reconfortante y segura.

Me vi rodeada por toda esa aura oscura, escalofriante, como tentáculos que deseaban penetrar en el interior y la dejé entrar.

Bajé mis barreras y dejé que me consolara, que me cubriera y me ocultara, aunque sea por un instante, de toda esta caótica realidad.

*****

Cuando volví a abrir los ojos, estaba algo desorientada.

¿En qué momento me quedé dormida?

Me incorporé un poco, mi cuerpo seco, agradable, vestido con uno de esos camisones descarados de Electra.

—Silas —lo sentía cerca y lo llamé, mi voz pastosa y adormilada.

—Mi señora —lo escuché y vi una sombra negra salir de una esquina en penumbras de la habitación.

Tener a un hombre así observándote obsesivo mientras duermes podría ser la pesadilla de cualquiera, para mí, era reconfortante.

—¿Le sigue doliendo mi señora? Yo… fui muy brusco, puede castigar a este esclavo —me dijo bajando la cabeza, parado al lado de la cama.

— Le apliqué la medicina mágica que me dio para mis heridas, no sé si funcionó, puedo untarle más…

—Espera, Silas, espera… —lo detuve cuando algo nervioso fue a tomar un frasquito de cristal sobre la mesita.

Lo reconocí, preparé ese ungüento para él y sus cicatrices se veían mucho mejor.

“¿Brusco? ¿Castigo?”

De hecho, ya la tarde avanzaba rauda.

—¿Dos copas? —subió la cabeza, preguntándome extrañado, pero luego se percató de que parecía cuestionarme nuevamente.

—Lo lamento, su señoría, enseguida avisaré.

Asentí y me levanté de la cama yendo al tocador.

El cabello me había quedado medio húmedo al dormir y debería estar todo desordenado.

Comenzaría a vestirme para la cena privada.

Pensé que Silas saldría y bajaría a dar mis indicaciones a la cocina, pero simplemente se limitó a jalar de la cuerda y transmitir mis palabras a través del dispositivo mágico.

Bufé divertida, eso lo podía haber hecho yo.

Los ojos verdes entonces se dirigieron al reflejo en el espejo.

¡Por todos los cielos! ¡¿Pero qué…?!

Mis dedos recorrieron mi cuello, sobre todo un lado, el que estuvo en contacto con su boca.

Mi piel llena de marcas de mordidas, rojeces, chupones con forma de finos labios.

Diosa, yo estaba preocupada por una mordidita que le di y él arrasó con cada centímetro de mi cuello.

Por eso me molestaba un poco y picaba, incluso, mi clavícula y al bajar el camisón, también el hombro derecho.

¿Eres una serpiente fría o un perro?, qué diantres.

Una sombra repentinamente cubrió la luz de la enorme lámpara colgada en el techo.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación