SIGRID
Subí mis ojos a través del reflejo y lo sorprendí mirando hacia mi cuello para luego ¡hacerse por completo el desentendido!
“¡Esclavo malo, podría castigarte por eso! ¡En vez de toquetearme el coño, tenías que haberme aplicado aquí el bálsamo!”
—Mi señora, le puedo cepillar el cabello —se inclinó y tomó el cepillo, haciéndose el tonto.
Nadie dijo nada.
Regresé la manga caída del camisón a su sitio y asentí.
Mis ojos se desviaron al lateral de su cuello, donde exhibía mi profunda mordida, enrojecida y fiera.
La verdad es que él no me había clavado los dientes como yo a él.
Bueno, ya qué, somos un par de desquiciados mentales, ¿para qué negarlo?
El suave cepillar me encantaba.
Pasaba con paciencia una y otra vez por cada hebra, acariciaba con sus manos mi pelo, el cuero cabelludo, mi nuca, mi frente.
¿Quién lo enseñó a hacerlo tan bien?
Pensé por un segundo en esta imagen de él con Lucrecia y la sangre me hirvió en las venas.
Debía pensar en otra cosa, pero el recordar a Lucrecia también me dio el impulso para interrogarlo un poco.
Ahora que no estaba como al inicio, como un animal arisco, habíamos hecho muchas cosas, no quería escarbar en sus miserias, pero muchas cosas de Silas me inquietaban.
—Silas, yo, quería hacerte unas preguntas, espero que no te sientas incómodo —comencé a decirle.
Pero enseguida sus dedos se pusieron un poco rígidos, su postura tensa, aun así, solo duró unos segundos y luego disimuló mejor.
—Dígame, mi señora —miraba a mi cabello y seguía peinándome.
—He notado ese poder que llevas en tu interior, es magia agresiva que se concentra en tu ojo. Pensé al inicio que era una quemadura, pero ahora me doy cuenta de que es una maldición. Silas, ¿cómo adquiriste eso?
Esperaba que me hablara con la verdad.
Una magia tan destructiva y alucinante, ¿qué hacía dentro de un elemental y cómo incluso siquiera podían convivir en simbiosis?
—No recuerdo, señora, yo, no recuerdo muchas cosas. Creo que antes de meterte en ese árbol, Lucrecia, borró muchos recuerdos de mi mente —me dijo llevándose la mano a la frente.
Su ojo se movió errático, su expresión comenzó a cambiar, parecía forzarse a recordar y le dolía.
—¡Espera, espera, Silas, no te obligues, no te obligues! —me levanté y lo tomé de las mejillas, haciéndolo mirarme.
— Lo descubriremos, lo descubriremos todo, solo quiero que sepas una cosa, Silas, yo…
Tragué pensando si estaba bien lo que iba a decirle, cada vez podía fingir menos delante de él.
—Yo, no te voy a hacer daño, no soy ella, digo, no soy Lucrecia, yo no…
—Lo sé —me interrumpió— Sé que no es ella.
Lo dijo con tanta convicción, tan seguro, mirándome de frente que parecía atravesar directo mi alma, la mía, la de Sigrid, aunque él hablaba de Lucrecia, no de Electra.
—Bien, sé que recordar es doloroso, pero es raro. Presiento que Lucrecia está experimentando cosas muy macabras con los elementales y creo que eso va a ser peligroso para todos.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...