SILAS
Mi ojo picaba y dolía, no lo detuve, la magia volvió a brotar de mi cuerpo y una bruma oscura a llenar la noche.
—¡Rápido, cierren las puertas, es orden de la jefa, ciérrenla ya!
—¡Maldición, qué es esta niebla, no veo nada! ¡Alfred, Alfred…!
—No te muevas o caerás al foso, espera no veo nada.
—¡Aahahhh!
En medio de las exclamaciones y de los engranajes del cierre girando, se escuchó el relincho de un caballo.
Saltó justo a punto de cerrarse las dos enormes puertas de madera.
¡BAM!
El ruido sordo se escuchó a nuestra espalda al quedar clausurado el feudo De la Croix.
Me aferré jadeando y sudando, con todos los músculos en tensión y acostado por completo sobre el lomo del hermoso caballo azabache, avanzando veloces hacia la oscuridad y la protección del bosque.
Seguía usando esta magia para ocultarme de las brujas, a pesar del daño que le estaba haciendo a mi cuerpo.
Mis venas, a punto de explotar, las sentía hinchándose y ennegreciéndose como las redes de una araña.
Este sentimiento me resultaba familiar. En alguna ocasión forcé de esta manera mi poder para atacar a alguien a muerte… debió ser a esa mujer.
No importaba mientras pudiese alertar a mi señora, solo tenía que resistir hasta encontrarla.
*****
SIGRID
Esta fiesta era una tortura.
Lo único que disfruté y mucho, fue la cara distorsionada de Lucrecia en la entrada.
Parecía que se había tragado una mosca.
A duras penas disimuló el asombro y el disgusto que tuvo con que yo hubiese sido invitada.
Que se joda.
Tomaba de mi copa de coctel, necesitaba algo más fuerte, aunque no me gustaban estos brebajes.
Pero aguantar las miraditas lascivas, el coqueteo en cada esquina y las intenciones asesinas de varias que no soportaban la altanería de Electra, daban ganas de beber hasta morir.
No es que estuviese en el cuerpo tampoco de una mujer muy agradable.
Intenté salir a tomar aire, esconderme detrás de los altos setos, hasta que Alessandre Vlad me avisara de alguna manera sobre el intercambio que me interesaba.
—Distinguidos invitados, es un placer tenerlos aquí esta noche —rayos, me pillaron casi saliendo del salón abarrotado de personas.
Sería ahora mismo una descortesía escaparme.
—¿Cómo que para qué? Pusiste tu nombre en la competencia de batallas, eres soltera, ¿no? ¿Te rindes antes de empezar? Ah, debe ser porque tu oponente es Petra —risitas de burlas se escucharon, la mayoría aquí eran brujas.
Yo no había puesto mi nombre en ningún sitio, esto era para ridiculizar a Electra.
—Hola Electra, cuanto tiempo sin vernos —la tal Petra, una bruja rubia de la familia Sole, caminó frente a mí y me miró de arriba abajo con sarcasmo.
La busqué en mis memorias y no me gustó mucho lo que vi.
Se había enfrentado una vez a Electra cuando eran más jóvenes y Petra le había dado una paliza a esta tonta De la Croix.
—Por supuesto que voy a participar, nos vemos, Petra —le quité el papel con su nombre de la mano a Lucrecia.
No iba a retirarme, eso era lo que buscaban para humillar a Electra y no podía mostrar debilidad.
Los ojos de Lucrecia, llenos de malicia, me decían que jugó trucos para emparejarnos, ella tenía un plan oculto.
Ya qué, lucharía con parte del poder de Electra, porque el mío no lo podía exponer.
Pero Petra se veía muy segura y desconocía una cosa.
Quien controlaba ahora este cuerpo, no solo sabía hacer truquitos de magia como ellas.
Yo fui entrenada por los lycans y el más poderoso de todos, mi papá.
*****
—… ¡Apáguenla! —gritaron, sumergiendo en un hechizo de nieve, a una de las contrincantes que parecía una antorcha incendiada sobre “el campo de batalla”

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...