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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 232

SIGRID

Así llamaron a la larga tarima donde luchaban las candidatas, mientras Alessandre miraba, bien aburrido, sobre un asiento en lo alto de las escaleras.

—¡La ganadora es Amelandra Grumon! —vitorearon a una pelirroja toda orgullosa y dándole miraditas coquetas al tío abuelo.

La verdad, todo esto me parecía tan ridículo.

—¡Próximas concursantes Petra Sole y Electra De la Croix! —bueno, llegó el momento de sacar toda esta frustración.

Subí por las escalerillas de madera y me paré en mi punta, ella en la otra, su risita de suficiencia me tenía harta.

El domo de cristal que protegía el resto de la sala de los hechizos empezó a subir y cerrarse sobre nuestras cabezas.

—¡Que comience la pelea! —apenas dieron la orden de salida, se abalanzó sobre mí como una hiena.

Comenzamos a luchar cuerpo a cuerpo, patada, esquiva, puñetazo, esquiva...

Me giré zafándome de un agarre y le asenté un codazo demoledor en las costillas que escuché traquear.

Así de cerca, esta mujer no era mi contrincante.

Llevé mi mano hacia la espalda, mi brazo aferrado a su cuello, lista para conjurar un arma y darle fin rápidamente, pero ella presintió el peligro y forcejeaba, golpeándome descoordinadamente hacia atrás.

Mis pies enredaron sus piernas, quería arrastrarla hacia el suelo y colocarme encima de su cuerpo más vulnerable; sin embargo, antes de que cayera, se escurrió de entre mis dedos.

Literal se convirtió en un líquido y fluyó lejos de mi posición en un segundo.

—Vaya, veo que alguien ha estado trabajando duro, te dolió la última derrota - escupió a un lado un poco de sangre de los golpes, con odio en los ojos, su labio partido, yo casi sin rasguños.

— Menos charla y más actuar - le dije adoptando de nuevo la posición de combate.

No más ir con cautela, pretendía destrozarla en el próximo intercambio.

Sin embargo, Petra había aprendido la lección y ya no se hacía más la chulita, a partir de aquí me atacó con pura magia de distancia y sin aguantarse nada las ganas asesinas.

Esta mujer no buscaba herirme, ella iba a por la vida de Electra.

Alzó sus manos creando nubes de tormenta que se movieron sobre mi cabeza, poderosas y peligrosas.

Los mortales relámpagos comenzaron a caer sobre mi posición.

Activé un hechizo defensivo que los hacía rebotar, como un cristal sobre mi cuerpo, que se iba cuarteando más y más, no aguantaría tanta ofensiva.

Convoqué parte de la magia de Electra, era imposible para mí robar todo su poder.

Un bosque oscuro surgió de repente, naciendo del suelo sobre el campo, lleno de niebla, tupido, un perfecto escondite, una ilusión que aproveché fundiéndome entre los troncos de los árboles, acercándome a ella con sigilo.

Invocó al viento que intentaba arrasar y llevarse mi bosque.

Parecía que la bruja que lo controlaba había muerto o estaba moribunda, eso creyeron todos, eso pensó Petra.

—¿Está muerta?

—¿Qué, qué, de verdad mató a Electra?

—Oye, Morgana es muy poderosa… se va a vengar de los Sole…

—… no debió…

Escuchaba murmullos y pasos, pasos cautelosos… yo esperaba.

Se detuvieron cerca de mí, alguien se inclinaba, una respiración excitada y maligna.

—No puedo creerlo, de verdad lo logré, Lucrecia va a estar encantada —un murmullo casi inaudible.

Podía “ver” todo, Petra sobre el cuerpo, echando humo, carbonizado por su hechizo nada misericordioso.

Su mano fue a girarlo, para comprobar la muerte de Electra.

—¡¿Pero qué es esto…?! — ¡CUIDADO PETRA, ES UN ENGAÑO!

Lucrecia le gritó, pero ya era muy tarde.

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