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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 233

SIGRID

Salí debajo de sus pies, del suelo del bosque que aún quedaba, la poderosa ilusión de Electra, todo en este terreno lo controlaba ella.

Agarré su cabello por detrás exponiendo su cuello, sus piernas en cuclillas hicieron por levantarse y atacarme, las tormentas regresaban, pero mi mano implacable se bajó directo a su garganta y pasé el filo de izquierda a derecha.

Profundo y mortal, salpicando la sangre sobre el cuerpo falso que yacía frente a Petra y yo había creado en el aire, convirtiendo la falda del vestido en una marioneta de intercambio.

A la vez, aprovechando la bruma que los cegó, me escondí bajo la tierra hechizada, cerca de la muñeca que imitaba mi cuerpo, emboscándola, esperando como un depredador a la presa.

Ella se tragó toda esta ilusión, la mayoría se la creyeron, tenía que admitir que este hechizo de Electra era bien retorcido y muy ingenioso.

Di la vuelta a su cuerpo de rodillas, temblando, deseaba ver sus ojos.

Ahora sí que estaba en pánico, ahora sí con el terror calando su alma.

Las manos llenas de sangre en la garganta, la luz verde de magia me indicaba que se estaba intentando sanar así misma.

—Lo siento, querida Petra, pero esta vez no habrá revancha —le dije con cinismo, sacando todo el resentimiento que sentía por estas perras desgraciadas, que jugaban con la vida de tantos inocentes a cada momento.

Bajé las dos dagas, cruzadas, violentas, y fundiendo magia de fuego en la hoja que se tornó candente, le arranqué la cabeza, cercenándola limpiamente.

Rodó a un lado, aun la mirada asombrada, sin poder creer que había perdido, que de verdad me había atrevido a asesinarla delante de todos.

Pateé su cuerpo que se desmoronó sobre la madera, tomé la cabeza del cabello y caminé hasta el final del “campo de batalla” donde estaba ella, mirándome llena de un odio encarnizado.

Yo también la odiaba y no se imaginaba cuánto.

Antes de irme, tenía que asesinar a esta mujer, aunque cambiara la historia o lo que fuese.

Las murmuraciones no cesaban a mi alrededor, había perdedoras que fueron gravemente heridas, pero no asesinadas.

El domo de cristal había descendido por completo.

—Gracias por invitarme a la competencia, Srta. Silver, muy entretenida y excitante —le dije con ironía, parándome frente a ella y tirando a sus pies la cabeza de su cómplice, controlando a duras penas mi sed de asesinato.

—No pareció nada peligrosa para usted, Srta. De la Croix, veo que ya no puedo calificarla como una joven inexperta —me dijo frunciendo el ceño.

Su fachada de indiferencia cuarteándose por todos lados.

Cada vez los Silver y De la Croix podían fingir menos cuánto se detestaban, el bando de los hechiceros se dividía claramente en dos fracciones.

Ella fue quien planificó la muerte de Electra a manos de Petra. Esta batalla de “jueguito” era matar o morir.

Lo miré de reojo casi a punto de vomitar.

“No te habrás impresionado tanto que te estarás enamorando de mí... bueno, de Electra, ¿no?”

A pesar de las protestas disimuladas, de ganarme más el odio y celos colectivos, la madre Vlad me miró con interés y estuvo de acuerdo.

Parece que Electra le parecía una buena candidata, supongo, ya ni sé.

Alessandre me sacó del salón y caminamos al fin lejos de la multitud y los ojos curiosos.

Subimos por unas escaleras que daban al segundo piso, a través de pasillos como laberintos en esta enorme mansión, hasta entrar en un cuarto en penumbras.

La luz de la luna entraba por los amplios ventanales, aportando algo de claridad.

Escuché el golpe sordo de la puerta cerrarse y me giré alerta, no confiaba en él.

—No te haré daño, puedes escoger en el closet algo que ponerte, son de la valija de mi madre —dijo señalándome a un lado y prendiendo el candelabro sobre la cómoda.

—Ni se te ocurra interesarte en mí —no pude evitar advertirle sin moverme ni medio paso.

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