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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 234

SIGRID

Se levantó de su posición inclinada, con la ceja arqueada y me miró de arriba abajo, hubiese jurado que hasta con asco.

—Puedes dormir tranquila, no tengo ni pizca de interés en ti —por la forma tan directa y sabiendo de su futuro, estuve más convencida.

—¿Trajiste lo que quiero? —le pregunté y lo vi como sacó al fin de su bolsillo, las runas que necesitaba para armar el artefacto, de hecho, lo tenía todo, solo me faltaba eso.

—Aquí están tus perlas —le dije quitándome el collar que llevaba al cuello y donde tuve la previsión de esconderlas antes de la pelea.

— A la cuenta de tres hacemos el intercambio.

Él asintió acercándose paso a paso.

—Una… dos… —miraba fijamente a su mano, esperaba que no me jugara ningún truco— ¡Tres!

Le arrebaté el plano de runas mientras él tomaba con rapidez las perlas.

Ambos suspiramos logrando nuestros objetivos.

—Me visto y me voy, un placer hacer negocios contigo —le dije, la verdad, no creía que él pudiese ayudarme mucho con mi misión.

No me gustaba que los Vlad estuviesen en complot con Lucrecia, no sabía qué vueltas daba el destino, pero no vine aquí a arreglarle la vida a todos, solo a salvar a un hombre, al cual no tenía ni idea de cómo acercarme.

—En realidad, también quiero pedirle un favor personal —oh, oh, me está tratando de usted.

Me quedé detuve en seco, girándome para enfrentarlo de nuevo.

Era alto, cabello negro, pupilas rojas, el peligro elegante personificado.

Me recordaba a Zarek, aunque el príncipe oscuro tenía otro tipo de belleza más… sanguinaria.

—Soy toda oídos.

—Finja que es mi elegida definitiva para prometida.

—¿Qué? —me quedé ahora sí con la boca abierta.

—Necesito que mis padres dejen de intentar buscarme pareja, necesito una sustituta… tiempo y usted me lo puede ayudar a ganar.

Tiempo ¿para qué?

Mientras más me explicaba, más loco me parecía, pero a la vez, yo tejía mis propios planes y cálculos.

—¿Qué ganaría fingiendo que soy su prometida? —le pregunté cruzando los brazos sobre mi pecho con altivez.

—Lucrecia Silver, veo cómo la mira, desea destruirla, sin embargo, es muy difícil para De la Croix estar dentro del mismo círculo que Lucrecia y atacarla. Pero si se asocia conmigo, puedo introducirla a fiestas, digamos… más privadas, donde puedan tener la oportunidad de coincidir.

234. TRATO PELIGROSO 1

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