SIGRID
Se levantó de su posición inclinada, con la ceja arqueada y me miró de arriba abajo, hubiese jurado que hasta con asco.
—Puedes dormir tranquila, no tengo ni pizca de interés en ti —por la forma tan directa y sabiendo de su futuro, estuve más convencida.
—¿Trajiste lo que quiero? —le pregunté y lo vi como sacó al fin de su bolsillo, las runas que necesitaba para armar el artefacto, de hecho, lo tenía todo, solo me faltaba eso.
—Aquí están tus perlas —le dije quitándome el collar que llevaba al cuello y donde tuve la previsión de esconderlas antes de la pelea.
— A la cuenta de tres hacemos el intercambio.
Él asintió acercándose paso a paso.
—Una… dos… —miraba fijamente a su mano, esperaba que no me jugara ningún truco— ¡Tres!
Le arrebaté el plano de runas mientras él tomaba con rapidez las perlas.
Ambos suspiramos logrando nuestros objetivos.
—Me visto y me voy, un placer hacer negocios contigo —le dije, la verdad, no creía que él pudiese ayudarme mucho con mi misión.
No me gustaba que los Vlad estuviesen en complot con Lucrecia, no sabía qué vueltas daba el destino, pero no vine aquí a arreglarle la vida a todos, solo a salvar a un hombre, al cual no tenía ni idea de cómo acercarme.
—En realidad, también quiero pedirle un favor personal —oh, oh, me está tratando de usted.
Me quedé detuve en seco, girándome para enfrentarlo de nuevo.
Era alto, cabello negro, pupilas rojas, el peligro elegante personificado.
Me recordaba a Zarek, aunque el príncipe oscuro tenía otro tipo de belleza más… sanguinaria.
—Soy toda oídos.
—Finja que es mi elegida definitiva para prometida.
—¿Qué? —me quedé ahora sí con la boca abierta.
—Necesito que mis padres dejen de intentar buscarme pareja, necesito una sustituta… tiempo y usted me lo puede ayudar a ganar.
Tiempo ¿para qué?
Mientras más me explicaba, más loco me parecía, pero a la vez, yo tejía mis propios planes y cálculos.
—¿Qué ganaría fingiendo que soy su prometida? —le pregunté cruzando los brazos sobre mi pecho con altivez.
—Lucrecia Silver, veo cómo la mira, desea destruirla, sin embargo, es muy difícil para De la Croix estar dentro del mismo círculo que Lucrecia y atacarla. Pero si se asocia conmigo, puedo introducirla a fiestas, digamos… más privadas, donde puedan tener la oportunidad de coincidir.
—Tenemos un trato, Sr. Vlad, pero si me traiciona…
—No lo haré si usted no lo hace —apretó mi mano con fuerza y seguridad.
Cerré un trato muy arriesgado, que no sabía cómo terminaría.
— Vístase y váyase desde aquí por el oeste del bosque que rodea la mansión, es la parte más segura. Yo enviaré luego a su cochero al feudo de su familia. Con la escena que hizo, puede estar segura de que la estarán esperando para emboscarla.
—Gracias —asentí tomando algo de ropa, apenas una falda negra que coloqué por debajo del corsé del vestido desmembrado.
Salí al balcón y me paré en la balaustrada, mis botines rozando el borde, bajo la luna llena que alumbraba los kilómetros de jardines y bosques.
—Ya sabes dónde encontrarme entonces, prometido —le dije en burla.
Cuando se enteren en mi casa de esto, o se mueren de la risa, o me despellejan viva.
Salté al vacío, a la libertad de noche, a la frialdad del ambiente y me transformé con magia en una lechuza que surcaba los cielos.
Buscaría un refugio seguro en el bosque profundo y hoy mismo contactaría con mi familia.
Mi corazón latía emocionado y a la vez preocupado, sumida en mis emociones tormentosas, sin darme cuenta de que ya estaba siendo cazada por un ser demasiado poderoso, incluso para mí.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...