SIGRID
Renata sintió el peligro inminente erizándole todos los vellos de la nuca.
¿De dónde venía esa energía tan demoníaca?
Se giró, movida por el calor del momento y su propia rabia, bloqueando el golpe de aura oscura que iba directo a impactar contra su cuerpo.
La onda se esparció por el bosque, odio contra odio, a su alrededor los árboles, césped, los animales, todo lo que contenía vida comenzó a morir, siendo absorbido por sus poderes.
¿Un elemental era el portador? ¿Qué tipo de broma era esta?
Un hombre desfigurado, rodeado de tanta oscuridad y magia negra, se abalanzó sobre ella con dos armas en sus manos parecidas a puñales, hechas de su misma energía.
—¡SILAS NO, HUYE, HUYE! —Sigrid le gritó tosiendo sangre que salpicaba las hojas marchitas.
Parecía que el mundo estaba agonizando de repente.
Silas no la escuchó y arremetió contra la mujer que estaba a punto de asesinar a su persona favorita.
Cuando llegó, siguiendo el rastro de la magia de su señora y vio esa escena, no pensó en nada más, cedió el control a todos sus demonios, solo tenía en mente matar.
¡BAM!
Renata paró el ataque con su propia espada mágica.
Superado el asombro inicial, se enfocó en acabar con la nueva amenaza, era obvio que trabajaba con esa maldit4 bruja.
Silas blandía los dos puñales diestramente, esquivaba una y otra vez, siendo herido por todos lados.
Su ropa convertida en harapos, su cuerpo cubierto de sangre, atacaba a Renata sin cesar con esos tentáculos de sombras, por todos lados, sin darle tregua.
Pero peleaba por instinto, no solo estaba sobrecargando su cuerpo, sino que jamás había sido entrenado apropiadamente.
¡BOOM!
—¡SILAS! —Sigrid gritó al ver su cuerpo volar por los aires debido a una patada de Renata.
Impactó contra el tronco podrido de un árbol que se tambaleaba peligrosamente a punto de caerle encima.
Renata le daba la espalda a ella y la observó, levantando la mano, dispuesta a darle el último empujón al árbol.
Silas estaba aún intentando levantarse, aturdido por el golpe.
El líquido rojizo corría sin cesar, escurriendo por sus comisuras.
Sus dos ojos, completamente negros y maldecidos, llenos de resentimiento y odio, de sus labios escapaban jadeos apresurados.
¡Si el árbol caía, lo aplastaría por completo!
Sigrid no se detuvo a evaluar más las consecuencias, gritó como una demente, liberándose de las amarras y desbloqueando todo el poder mágico contenido dentro del cuerpo de Electra.
Atacó a Renata sin compasión.
—¡Aaahhh! —Renata gritó cuando una profunda herida se abrió en su espalda.
Era tanto el dolor, casi llegando al hueso, que sus piernas cedieron y cayó de rodillas sobre el césped marchito.
¡¿Ahora qué era esto, maldici0n?! ¡¿El poder de una Selenia?!
No tuvo tiempo para procesar los hechos o su cabeza rodaría en un instante, se levantó de inmediato.
Sigrid se abalanzó sobre ella, con dos dagas doradas en las manos que resonaban una y otra vez impactando contra la espada de Renata.
Pero ese hombre, una vez más, la sorprendió.
Renata estaba confiada, corrió hacia esa mujer, Selenia o lo que fuera la capturaría y luego hablarían.
Se transformó en el aire en su forma de loba, rodeada de toda su magia destructiva, lista para desgarrar a la adversaria.
Pero su peor error fue subestimar a sus enemigos y olvidar que luchaba contra dos contrincantes.
—¡AHORA MI SEÑORA! —Silas le rugió a Sigrid.
Ella vio asombrada cómo látigos negros enredaron el cuerpo animal de Renata en el aire, parecían estar chupando frenéticamente todo el veneno y la energía oscura.
Salían de Silas, que esperó su oportunidad, oculto entre las sombras.
Solo unos segundos, ¡esta era la brecha que Silas creó para ella!
Sigrid corrió hacia el frente y saltó blandiendo sus largas dagas.
Un trueno relampagueó desde el cielo, iluminando la épica escena.
El fuego rodeó las dagas que apuñalarían a la princesa Selenia.
Sigrid sabía que esto no la mataría, de hecho, asesinar el origen de su línea familiar sería impensable, pero al menos podrían escapar Silas y ella.
Renata experimentó el verdadero miedo por primera vez en su vida.
Era la más poderosa en esta pelea, eso era seguro, pero su propia arrogancia había jugado en su contra.
Quiso cambiar a su forma humana, liberarse del control de esa magia que la estaba succionando como un vórtice sin fin, pero ya el filo sobre la garganta de su loba rebanaba la carne.
Solo un instante, solo un respiro, un pestañeo, la victoria en la mano y Sigrid fue pateada en el aire a traición, por su nuevo prometido.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...