NARRADORA
Cuando Alessandre llegó y vio la escena iluminada por los relámpagos, casi se le escapa el alma del pecho.
Jamás imaginó que Renata pudiera encontrarse en semejante peligro.
Le pareció sentir el olor embriagante de su sangre, se escabulló de esa absurda fiesta para perseguir su rastro y descubrir esta lucha encarnizada.
Sin perder un segundo, solo atinó a patear con fuerza a Electra.
Aliada o lo que fuese, no amenazaría a su compañera.
Sigrid no tuvo tiempo de esquivar, sintió el dolor agudo impactando contra sus costillas derechas, gritó de agonía y cayó contra el suelo lleno de fango y escoria.
La lluvia continuaba lavando la sangre de sus cuerpos, el viento aullaba con ferocidad y la única oportunidad de vencer se había escapado de sus manos.
—¡Espera, Renata! ¡¿Qué rayos estás haciendo?! —Sigrid levantó la cabeza para ver a Alessandre detenerse frente a Renata y comenzar a discutir.
—¡¿Qué, viniste a proteger a tu prometida?! ¡Como te pedí tiempo, decidiste buscarte un reemplazo mientras tanto! —Renata lo abofeteó con odio.
Cuando se enteró de esta fiesta para buscarle una pareja a su compañero, casi enloquece de furia y celos.
Más aún al verlo entre las sombras eligiendo a esa maldit4 bruja.
Su situación era extremadamente delicada: las Selenias eran poderosas, sí, mantenían el trono, por supuesto, pero a costa de muchas cosas.
Eran demasiado escasas, apenas tres, y el resto de los seres sobrenaturales se multiplicaban sin cesar, lentos pero constantes.
Las luchas por el trono cada vez más descaradas, las conspiraciones no tan secretas y justo su compañero es de una familia que más codiciaba la corona, los Vlad, las élites de los vampiros.
Sus familias opuestas, su relación prohibida y sus voluntades atadas, luchando entre el amor en sus corazones y el deber con su linaje y raza.
—¡Ella me está ayudando a cubrirnos! ¡Lo hice para protegerte, para que nuestros padres no siguieran interfiriendo! —Alessandre la tomó de los hombros zarandeándola con fuerza.
Renata era muy terca; cuando se cerraba era peor que una mula de carga, la inteligencia se le iba para los pies.
Pero ella entendió, con la tormenta pasando y la rabia enfriándose, entendió que ni siquiera le dio tiempo a su compañero para explicarle su plan improvisado.
Y también comprendió algo mucho más complejo y profundo.
Miró con ojos complicados hacia Sigrid, que había corrido hacia el hombre arrojado en el fango, agonizando.
—¡Silas, despierta, despierta, por favor, te lo ruego! —las lágrimas caían por los ojos de Sigrid, sus manos sobre el pecho de Silas, dándole el remanente de su poder, dejándose de curar para sanarlo a él.
La energía de color verde vida se esparcía por toda la piel ennegrecida, las venas como telas de arañas oscuras se transparentaban por algunos parches claros.
El rostro de Silas, Diosa, el rostro de Silas parecía quemado por completo, con los ojos cerrados, pero Sigrid imaginaba que ambos orbes estaban contaminados.
—¡Sálvalo! —empujó a Alessandre y tomó a Renata de las solapas de su blusa.
— ¡Sálvalo ahora mismo, malnacida, o créeme que no tendrás futuro! ¡No me importa nada, si lo dejas morir!… ¡¡no me iré hasta arrancarte la cabeza!!
Le gritó con rabia, salpicando lágrimas y lluvia, saliva, en el rostro serio de Renata.
—¡¿Qué diablos te pasa, Electra?! ¡Suéltala! —Alessandre intentó intervenir.
—Espera, Alessandre, no te metas —Renata extendió su mano, deteniéndolo, mirando profundamente a los ojos de “Electra”.
—Lo haré, lo salvaré, no perdamos más tiempo.
Antes de que Sigrid volviera a amenazarla, realmente decidida a inmolarse con tal de llevarse su cabeza, Renata tomó su decisión.
Apretó su mano y la arrastró hasta donde estaba el cuerpo moribundo de Silas, se inclinó sin muchas florituras y sacó una gran parte de su poder convertido en sanación.
La bruma oscura y verde brotó de la palma de su mano, fundiéndose en el pecho de Silas, extrayendo su propio veneno y a la vez sintiendo cómo él absorbía de nuevo vorazmente toda su magia negra.
Este elemental también era especial, demasiado peligroso.
¿Quién lo había hecho así? ¿Fue la que suplantaba a Electra?
—¡Silas! — el alma de Sigrid al fin regresó a su cuerpo al verlo tomar una bocanada de aire, sacado por los pelos del mundo de los muertos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...