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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 239

NARRADORA

Lo abrazó contra ella, de rodillas a su lado, besando su rostro desesperadamente, sin importarle sus heridas o fealdad.

—Mi señora… no llores, por favor, no llore… — el sabor salado rodaba por sus labios cuarteados, el latir de ese corazón contra su pecho le daba fortalezas y sus labios, una calidez infinita.

Aun así, Silas miraba receloso a la Selenia cerca de ellos.

No confiaba, su señora debió escapar, temía por su vida.

Quería volver a esforzarse, no podía dejarla desamparada.

—Si intentas de nuevo atacarme, tu cuerpo elemental no lo resistirá —Renata le advirtió, descubriendo sus intenciones.

—Silas, no, mírame, no, no, mírame a mí, a mí —Sigrid lo tomó por las mejillas con miedo de hacerle daño.

Renata había eliminado el veneno de sus venas y las heridas fatales, pero igual aún necesitaba cuidados.

—Confía en mí, yo lo voy a solucionar, ¿sí? Confía en mí, por favor —Sigrid se inclinó para susurrarle a su rostro destrozado, más que miedo o repulsión le daba tanto dolor verlo así.

Silas la miró profundamente, los segundos pasaron en su mundo solo para dos.

Renata se levantó dándoles su espacio, acercándose a su propia pareja.

Eran obvios los sentimientos de esas dos personas, ella también conocía el amor.

—Esa Selenia es peligrosa, debió escapar. Sé que es muy valiente, pero… no importa a veces huir, para vivir…

—Lo sé, lo sé, mi Silas, pero no podemos escapar para siempre. Ahora te lo suplico, confía en mí y sé obediente al menos una vez en tu vida —Sigrid le respondió, suspirando, pensando en qué hacer a continuación.

—No podemos regresar a la mansión, no podemos —de repente, Silas la tomó con fuerza de la mano y le contó en susurros el porqué había escapado y por qué la siguió hasta allí.

El rastro de su magia era inconfundible para él.

—¿Drusilla? —Sigrid se quedó estupefacta.

¿Por qué Drusilla sospechó que ella ocultaba algo?

¿Así que lo del hechizo a la esclava no fue obra de Morgana sino de Drusilla?

Debió ponerle el hechizo cuando la tocó en la selección, ¿qué la había delatado?

Recordó las palabras de Zarek. ¿Estaría Drusilla fingiendo ser tonta y ocultaba su verdadero poder?

—Princesa Renata, necesito hablar con ustedes, pero primero pondré a salvo a mi persona y espero que haya entendido muy bien el trato entre su prometido y yo —Sigrid subió la mirada implacable para enfrentarse a los dos.

Puede que estuviese en desventaja, pero no cedería ante ellos.

—Bien, aquí te esperamos —le respondió Renata, viéndola partir por el bosque, con Silas apoyado a su lado, dando pequeños pasos.

Al pasar a su lado, no se olvidó de darles una mirada siniestra.

—¿Ya me dirás qué está sucediendo? ¿Por qué dejaste que te hablara así? Sé que le debes una disculpa, ella hizo un trato conmigo, aunque ni siquiera me diste tiempo de contarte…

Alessandre comprendió, devolviéndole el abrazo también, hundiendo su nariz en su cuello, aspirando como adicto su delicioso olor, la extrañaba tanto.

Siempre sorteando dificultades y vigilancia de sus padres para verse.

En ocasiones solo quería tomarla de la mano y huir, pero sabía que Renata tenía demasiado peso sobre sus hombros, un reino entero que heredaría.

¿Qué era la unión de mates frente a eso? No era nada.

Así se pasaron los minutos, besándose suavemente en medio del caos de la batalla que ellos mismos provocaron.

Esperando el regreso de Sigrid.

—¡Espera! ¿Entonces le propuse a mi descendiente que fuera mi prometida falsa?

Alessandre hizo una mueca de repugnancia, aunque peores uniones se presenciaron al inicio, cuando los sobrenaturales desconocían que se podían aparear con los elementales y tener descendencia.

—Pft —al fin Renata pudo sonreír un poco, a pesar de casi meter la pata hasta el fondo y cargarse a “la salvadora”.

—Mejor no le digamos nada, esperemos a ver qué nos propone ella.

Se pusieron de acuerdo, si esa Selenia era su solución, la apoyarían con todo.

—Ese hombre también es muy peligroso, ese poder dentro de él es demasiado destructivo, en realidad… lo salvé solo por ella, pero lo mejor hubiese sido que muriera —la Selenia le confesó frunciendo el ceño, preocupada.

—Ya viene de regreso —el vampiro le susurró.

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