SIGRID
El no ver nada y solo escuchar, sentir, me ponía algo ansiosa, podría espiarlo con magia, pero decidí no hacerlo, seguir su voluntad.
De repente, unos finos, fríos y secos labios se rozaron con los míos.
Sentí la humedad de una lengua recorrer todo mi labio inferior, un jadeo escapó de mi boca cuando fue capturado y chupado entre sus dientes.
Nuestros cuerpos excitándose, mis manos temblorosas cerradas sobre su pecho.
Abrí mis labios y sentí los suyos moviéndose posesivos sobre los míos, lento, deliciosos, mojados, sensuales.
Su mano fue a mi nuca para dominarme, la otra continuaba cegando mis ojos.
Su lengua entró para explorarme, a recorrerme y saqué la mía para acariciarlo también.
Tantas cosas más descaradas que habíamos hecho y este beso se sentía tan íntimo.
—Mmmm —gemí y siseé con deseos reprimidos.
Mi cabeza giró a un lado para profundizar más, para que me comiera más rudo y apasionado, mis manos sobre sus hombros, apresándolo contra mí.
Mi magia se escapaba para jugar con la suya, la mejor manera de sanarlo era el intercambio físico.
Moví mi posición, intenté subirme sobre su cuerpo a horcajadas, pero él dejó de besarme repentinamente.
—¿Te duele? Ay Diosa, disculpa, ¿te lastimé?
—No, no mi señora, solo… nosotros… nosotros deberíamos descansar.
¿Qué?
Me besas así, me pones a mil y ¿ahora me pides descansar?
Lo peor es que sentía el bulto en su entrepierna contra mi rodilla, él también me deseaba, sabía muy bien por qué se detenía.
—No quiero descansar, ¿no me pediste una recompensa? Entonces te la daré.
—Ya, ya tuve mi recompensa, nunca pensé que mi señora me dejara besarla en los labios.
—Silas… —intenté quitar su mano.
—¡No! —me rugió de repente, perdiendo el control.
— ¡No quiero que sea así! Usted dice que no le importa, pero a mí sí, no quiero, no quiero que me vea de esta manera, que me recuerde así…
—Silas, este tampoco es mi cuerpo real, ¿cómo crees que me siento yo?
—Es hermosa, sé que es mucho más hermosa en su cuerpo real. He soñado con usted, mi señora, le echo el amor tantas veces en mi mente. Usted… es perfecta y yo…
—¿Y de esta manera? —lo interrumpí y abaniqué mi mano en el aire.
La luz del fuego se apagó por completo, sumiéndonos a ambos en la oscuridad.
Como las hechiceras, igual tenían buenos ojos en la oscuridad, bajé la cabeza y arranqué uno de los trozos que colgaban de la falda, atándolo alrededor de mis ojos.
—No utilizaré la magia para espiar, ¿así está bien para ti? Solo sentir, nada de ver.
Ni siquiera había terminado de hablarle cuando sus manos me jalaron dominantes contra su cuerpo, subiéndome a horcajadas sobre sus muslos y una boca apasionada y hambrienta comenzó a devorar la mía.
Me moví a una mejor posición sobre él y mi coño tembló de lujuria al encajarme justo encima de esa dura erección.
Los recuerdos regresaban a mi mente.
Su forma gruesa, el tallo duro lleno de venas, la punta rojiza con la abertura dilatada, me lo imaginaba corriéndose dentro de mí, llenándome con su semilla…
—Ahh, Silas, Silas… —llamaba su nombre y mis caderas comenzaron a menearse sobre sus muslos instintivamente, buscando la placentera fricción entre nuestros genitales.
Su boca causaba estragos en mis senos, pasando de uno a otro, chupando, acariciando y devorando, mientras el olor a sexo y deseos desenfrenados inundaban la cueva.
Mi espalda se arqueaba, y de mis labios solo escapaban gemidos enfebrecidos.
Silas gruñía como un animal en celo, sabía que se estaba conteniendo para no saltarme encima y comerme de una vez.
De repente, fui tomada de manera dominante; sentía el mundo girar, un poco mareada, solo aferrada a él.
Silas me colocó con cuidado sobre la manta improvisada, de rodillas entre mis piernas, y sentí sus manos ansiosas subiendo por completo mi falda.
Acariciaba mis muslos hasta la indecencia, exponiéndome a su mirada intensa y lasciva.
Yo lo sabía, esos ojos poderosos podían verme en la oscuridad.
Sus dedos pecaminosos recorrieron mis ingles, jalando los bordes de mi braga y encajándola entre los pétalos hinchados de mi coño, arriba y abajo, sacándome gemidos de placer.
— Aahh— me arqueé abriendo más las piernas, elevando la pelvis… sshhh se sentía tan malditamente bien, quería que jugara con mi clítoris, que me hiciera gritar de lujuria.
Lo sentí meterse dentro de mi prenda íntima y luego comenzó a torturar bien rico ese sitio cachondo, que se moría porque él lo profanara.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...