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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 243

SIGRID

Un gruñido profundo se escapó de mi garganta, subí mi cabeza extasiada, perdida en la lujuria.

Mis piernas completamente abiertas, los pies de punta en el aire mientras unas manos posesivas y rudas se enredaban en mis muslos y una boca lasciva devoraba mi coño.

—Silas… aahhh… espera… —supliqué misericordia.

Mi clítoris deliciosamente torturado entre sus dientes, sus labios chupando y sorbiendo con sonidos morbosos, su lengua me recorría desde el perineo, toda mi vulva arriba y abajo.

Con mi mundo sumido en la oscuridad solo podía entregarme a los deseos desenfrenados y oscuros, que me hacía sentir este hombre.

—Mmmmnn —me mordí el labio, me daba vergüenza estar gritando así como meretriz, pero la calentura me pudo más.

Sentí entonces sus dedos abriendo la tierna carne de los pétalos, exponiendo por completo el rosado agujero a mi vagina.

La punta de su lengua lamía alrededor sin entrar, tentándome, una y otra vez, sacándome suplicas necesitadas, intenta corcovear mis caderas, ofrecerme, ¡tócame adentro!

— Sshh así, Silas así… aahhh que rico … más mi Silas… más … — me penetró de golpe, flexible, experto, experimentado, adentro y afuera, adentro y afuera…

Los pliegues se contrajeron frenéticos de la excitación, el néctar fluyó por mi raja y esos labios ávidos besaron profundamente mi coño.

Escuchaba su resoplar, los sonidos lascivos de su boca mamando, sus gemidos ahogados en mi sexo, sus manos rudas me apretaban las nalgas, me abría con los dedos.

El cabello corto se movía con su cabeza entre mis muslos y rozaba con mi monte de Venus, la punta de su nariz estimulaba mi clítoris y otras veces me lo comía entre sus labios demandantes.

No aguantaría mucho su asalto, Silas era un experto en complacer.

Mis piernas temblaban de la tensión en el aire, llevé las manos a mis senos desnudos y comencé a manosearlos como él me hacía.

Retorcía el duro pezón, me los palmeaba, mientras abajo mi vagina era follada bien rico por dos dedos y una lengua, rápido, implacable, justo donde me haría explotar de placer.

—¡Aaahhh más rápido…! ¡Silas… mi Silas… penétrame ahí, justo ahí, aaahhh! —me incorporé un poco, apoyada sobre un codo, el fuego consumía mis entrañas y mi mente.

Bajé una mano y la enredé en su cabello, un pie sobre el suelo y el otro enterrado en los fuertes músculos de su espalda contraída, mis caderas comenzaron a menearse hacia arriba, ofreciéndole mi coño lujurioso para que lo devastara.

Lo empujaba hacia mí con frenesí, mi magia se escapaba a raudales, sentía su oscuridad rodeándome por completo, acariciando mi piel, mis senos, enredándonos en el éxtasis de compartir nuestra pasión.

Gemí alto, contrayendo las nalgas hacia arriba, mis muslos temblando, la parte inferior de mi cuerpo suspendida en el aire, solo corriéndome con un intenso orgasmo, dándole de comer lo que sabía que tanto deseaba.

Sentía sus deseos oscuros, su posesión, su obsesión por mí y eso me llevaba a otro nivel de locura.

Acunó mi trasero en sus grandes manos, aguantándome, sosteniéndome mientras me venía vertiginosamente con los ojos cerrados.

—Ah, ah, ah —respiraba agitada por la boca, jadeando, toda la piel resbalosa del sudor.

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