SILAS
No sé por cuánto tiempo he caminado, parece que todo el día.
Mitigo la sed con las corrientes frías de agua subterránea que he encontrado.
En realidad no tengo hambre, haber consumido tanta magia sustituye los suplementos necesarios para el cuerpo.
Me siento en el suelo rocoso, apenas por segundos, sé que si fuese un elemental común, no podría avanzar de esta manera, mucho menos en este ambiente casi sin oxígeno, claustrofóbico.
A veces los túneles bajaban más y más, me encontraba con insectos y cosas raras que excavaban en la tierra húmeda.
Luego ascendían, daban giros tortuosos, hasta que una tímida corriente de aire comenzó a darme en el rostro.
La seguí desesperado, sentía el dolor como pinchazos en todos los músculos de las piernas por caminar sin cesar… todo el día…
Ya era casi de noche, el estrecho túnel se abrió a una cueva amplia, el hedor a algún animal salvaje podía sentirse y restos de huesos y estiércol por todos lados.
¡Tenía que salir de aquí!
Saqué esa magia que cada vez lograba controlar y domar con mayor destreza, exploró los peligros por delante mientras yo la seguía raudo, saliendo al fin a un lugar abierto.
Corrí un buen tramo, solo persiguiendo mi instinto.
Ya estaba lejos de la cueva de ese depredador, me creía a salvo.
Agitado, me incliné, apoyándome sobre la rodilla, jadeando de la carrera.
Algo comenzó a arder en la palma de mi mano, una sensación eufórica de esa maldición que comenzó a devorar algún tipo de energía.
Subí mi mirada y me quedé congelado.
Me alejé enseguida del retorcido, negro y putrefacto árbol.
Miré a mi alrededor, no, no, ¿por qué esta cosa me había traído hasta aquí?
La sentía revolviéndose en mi interior, emocionada.
Algo dentro de estos árboles la llamaba, la energía oscura de los cadáveres contenidos dentro de ellos.
Murieron con tanto odio, con tanto resentimiento de sus corazones, con tanto dolor, así como sería mi destino si Sigrid no hubiese aparecido esa noche a salvarme.
Di un paso atrás, casi prefería salir de este lugar muerto y regresar por el camino donde estaba la cueva.
Sin embargo, miré los últimos destellos del sol ocultándose entre las ramas marchitas de los árboles, no podía seguir perdiendo más tiempo.
"¡Te ordeno que sigas el rastro de mi señora!", comandé a mi magia negra, que siempre buscaba la de Sigrid.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...