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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 247

SILAS

“¡AAAHAHHHH! ¡TODO ES CULPA DE SU MAL TRABAJO, MALDIT4S ESCLAVAS! — ella rugía como una loca, jadeando y sudando.

Su magia asesina explotó y cortó la cabeza de varias desprevenidas en el cuarto.

Era una masacre, y en medio de todo eso estaban esos dos llantos.

Me había acuclillado al lado de la puerta, protegiéndome de su ataque.

Miré por la rendija, un impulso me llevaba a querer salvarlos.

Solo eran inocentes, no tenían la culpa de venir de un vientre tan podrido.

—¡Tráelos acá! ¡AHORA!

— Sí, sí, mi señora — le extendió los dos bebés, ambos machos.

Creí que vería por primera vez algo de misericordia en sus ojos, de calidez, eran sus propios hijos.

Invocó dos afiladas dagas en sus manos y la alarma se encendió en mi pecho, ¡ella los asesinaría!

- ¡NOOO!

Me levanté sin medir las consecuencias, irrumpí en la habitación, desafiándola de nuevo, sin poder cambiar absolutamente nada.

Bajó sus manos y sentenció sus llantos de una sola vez y para siempre»

*****

Todo mi cuerpo tembló, la ira me recorría quemando mis venas, apretaba los dientes, las ganas de matar apenas controladas en mi alma.

El pasado juntándose con el ahora.

Cuando la vi que se acercaba al pozo, queriéndolo ahogar en sus putrefactas aguas, no pude contenerme más y actué.

Salí de mi escondite corriendo veloz hacia ella.

Saqué toda esa magia que no pude usar en el ayer y arremetí con intenciones asesinas.

Se asombró y dejó caer el pequeño bulto sobre el suelo, apenas lloraba, estaba agonizando.

No tuve tiempo de asistirlo, corrí hacia la bruja y su secuaz, antes de que reaccionaran.

En mis manos se moldearon, a partir de la magia negra, dos largos puñales que llevé directo a su pecho.

—¡Pero qué diantres!, ¡¿qué tipo de monstruo eres?! — gritó, jalando en el último momento el brazo de su esclava.

Se interpuso en mi camino y sentí las dagas hundiéndose en su cuello, la sangre caliente salpicó y su grito se quedó detenido en su garganta.

Me miraba con ojos asombrados y de pánico.

Cayó a un lado, desangrándose sobre las hojas, mientras esa hechicera comenzó a escapar.

Parecía una bruja joven, recién formada, no por eso le tendría misericordia.

La perseguí implacable, envié esa magia a cazarla como un perro de la muerte y pronto los tentáculos se enredaron en sus tobillos para arrastrarla hacia mí.

Pocas veces había llorado en mi vida y lágrimas amargas se escurrían por mi rostro, mientras desandaba como si solo fuese otro espíritu más de este cementerio.

Me arrodillaré en medio del claro, frente al árbol donde mi señora me ofreció una nueva vida.

Me quité los jirones de la camisa debajo de la capa y lo cubrí, comencé a cavar en la tierra con mis manos desnudas, las uñas se levantaban escarbando en las piedras, en el suelo marchito.

Truenos comenzaron a escucharse sobre mi cabeza, sentía el aire batir, la tormenta azotaba mi alma, no entendía, nunca he entendido las injusticias de este mundo salvaje donde solo el fuerte sobrevive.

Si fuese como Sigrid, si fuese poderoso como ella, podría haberlo salvado, a todos…

Quizás incluso a esos gemelos, quizás eran los únicos hijos que tendría en esta vida, quizás fue mejor que murieran, quizás tampoco eran míos… quizás y quizás…

Dejé que el caos me invadiera, mis manos ensangrentadas lo tomaron y lo metieron en el hueco que cavé.

Las gotas saladas caían sobre la tela sucia, sobre su cadáver frío que ahora cubría con más y más fango.

¿Sigrid, mi amor, dónde estás?

Siento que me ahogo, siento que sin ti a mi lado me convertiré en algo horrible… no, yo quiero convertirme en algo terrible, que me teman, que me respeten como un ser que tiene también sentimientos… aunque solo queden las ganas horribles de matar.

Llevé las manos a mi cara, me manché de suciedad, me estrujé la piel deforme.

Mis ojos dolían, sabían que estaban en negro de nuevo, ambos, no hice nada para acallar los gritos en mi cabeza.

¿De dónde venían?

Alcé la mirada y los vi, esta vez no rehuí, no escapé de ellos.

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