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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 258

SIGRID

Su boca deliciosa me da besitos sensuales, complacidos, en esta habitación bañada por el cálido sol que se cuela por las rendijas de las ventanas de madera.

No he tenido tiempo de examinar nada, no con este despertar tan apasionado, como quisiera despertarme todos los días de mi vida.

—Silas —susurro contra sus labios, su pene va perdiendo dureza, pero aún lo mantiene penetrándome, sacándome suspiros.

El olor a sexo salvaje, flota en el aire.

Miro de repente a su cuello, ahora que pasé la resaca de lujuria, veo la fea marca de dientes.

Sin mis caninos afilados de loba o vampira, debe dolerle mucho más.

—No, no, ¿te lastimé? Amor, lo lamento.

—Está bien, no importa —levanta una mano y se tapa la herida— Te gusta morder y a mí me gusta que me marques.

Me responde como si fuera algo natural, y miro a sus ojos brillantes.

No parece que mienta, además sé que con el poder que posee ahora puede sanarse al momento y elige no hacerlo.

Diosa, ¿cómo pude siquiera pensar en esa atrocidad?

¿Cómo pude dejarme llevar por la desesperación y el miedo?

—Silas, yo… lo lamento… —le digo bajando la mirada, tragando nerviosa, quizás incluso me descubrió, sintió la fluctuación en mi magia.

¿Y si lo hizo? No, no, no…

—Sigrid, escuché que las Selenias tienen una parte vampira y de lycans, ¿es cierto? —me interrumpe y me saca por completo de mis pensamientos caóticos.

—¿Eh? Ah, sí, sí, tenemos los instintos de las tres razas, aunque se desarrolla más una parte, a mí siempre me gustó la magia —confieso, él solo me observa como si le hablara de algo muy fascinante.

De repente se gira y me toma de la cintura, me arrastra a una nueva posición de lado.

Hago por separarme, pero empuja mis nalgas de manera dominante.

Su miembro aún adentro, sube mi pierna sobre su cadera y gimo excitada contra su pecho, sintiendo ese líquido caliente escurrirse por entre mis hinchados pétalos y descender por mis muslos hasta la cama.

—¿Entonces, te gusta que te muerdan en la nuca? ¿Cómo la marca de los lobos? —me sigue preguntando y lo miro como hipnotizada, mi cabeza descansa de lado, sobre la almohada.

Él se apoya en un codo, relajado, la mano bajo la afilada línea mandibular, tan sexy, tan guapo y masculino.

El cabello de plata revuelto salvaje y sensual, humedecido del sudor por hacerme el amor.

La luz del sol se refleja en sus pupilas doradas que me devoran extasiadas, complacidas… enamoradas.

—Si eres tú, puedes morderme donde sea, mi macho —la boca imprudente se abre sin pensar, presa de su hechizo de seducción.

Al darme cuenta del amago de sonrisa en la esquina de sus labios, me congelo avergonzada, siento las mejillas calientes al caer en cuenta de mis palabras descaradas.

—Es decir… bueno, aunque no tenga a mi bruja, a veces tengo sus instintos de morder… o sea, maldición, a mi vampira, no, no, a mi bru… ¡a mi loba, joder! —me exaspero con mi propio trabalenguas, pero de un momento a otro escucho el sonido más maravilloso del mundo.

Silas se está riendo a carcajadas, casi lloro al verlo reír de esta manera espontánea y tan feliz, por primera vez.

258. TU RISA ME FASCINA 1

258. TU RISA ME FASCINA 2

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