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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 259

SIGRID

La estrecha cama de hierro negro, paredes de madera, el techo con vigas algo descuidadas, el viejo sillón junto a la ventana y unos arcones de madera en una esquina.

Todo se ve deteriorado, roto, pero no sucio, ni desagradable.

—Recordé la cabaña de mis padres, anoche te traje aquí, es un lugar al que siempre deseé regresar —me confesó y me dio ternurita en el corazón.

No me ha dicho por lo claro, pero creo que sus padres murieron, quizás intentando salvarlo de cuando se lo llevaron, o del dolor de perderlo, no lo sé y no quiero despertar esas heridas en él.

—¿Y te pasaste la noche limpiando? Si estaba abandonada, ¿de dónde sacaste las sábanas? —le pregunté frunciendo el ceño y notando algo obvio.

—Bueno, no había nadie, yo… no me di cuenta, solo necesitaba descansar contigo, estaba algo atormentado —se incorpora también, mirando a los detalles.

—Silas, ¿cómo se te ocurre que algo va a permanecer igual por tanto tiempo? Ay Diosa, se nota que alguien vive aquí… — hice por levantarme a vestirme con prisas.

Qué vergüenza estar allanándole la casa a otra persona.

¡Mis gemidos cachonda, todas las indecencias que hicimos en esta cama!

¡BAM!

Me sobresalté al escuchar un sonido sordo afuera, una maldición y el chirrido de la vieja puerta de entrada abriéndose.

Silas y yo nos miramos, mis ojos en pánico, los de él como si nada.

¡Aaahh! Tengo ganas de gritarle a su rostro inexpresivo.

¡¿Cómo puedes estar tan tranquilo?!

Me enredé en una esquina de la sábana, intentando levantarme, trastabillando con mis pies, casi me voy de bruces contra el suelo.

Unas manos fuertes me sujetaron de la cintura.

—Cuidado, no te pongas nerviosa, yo voy a salir —me susurra—. Vístete con calma.

Asiento como pollo picoteando maíz y me giro para verlo levantarse gloriosamente desnudo y fuera un manjar para mi mirada pervertida si no estuviese tan ansiosa.

Veo cómo su cuerpo se cubre de esa bruma negra y crea una capa oscura sobre su piel, como ropa mágica.

Es increíble que nunca hubiese pensado en usar la magia así.

Me observa por última vez, estoy tapando mis senos con las manos, mirando a la puerta y a él, alternando, pensando que en cualquier momento alguien entrará a descubrirnos.

—Todo va a estar bien, confía en mí —me dice y sale al fin por la vieja puerta chirriante hacia el exterior del salón.

Corro al sillón donde está toda mi ropa doblada, me limpio un poco entre las piernas con un pañuelo que llevaba en un bolsillo interno.

Brincando en un pie me coloco los botines, luego de vestirme más o menos decente.

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