NARRADORA
Silas se quedó rígido, en realidad no le gustaba mucho el contacto físico a menos que fuese Sigrid, pero aguantó estoicamente y no fue grosero.
A pesar de los momentos incómodos, esa tarde Silas recuperó un pedacito de su familia, aunque en su interior, su única familia era la mujer a su lado.
Todo el amor en su corazón, para lo demás, se había marchitado.
Aprovechando un segundo que se quedó a solas, mientras su tía arrastraba a Sigrid a la cocina para que la ayudase con la merienda de la tarde, Silas se acercó al bebé en su cunita.
Los tatuajes oscuros ya no solo se limitaban a su rostro, sino que avanzaban consumiendo su pequeño cuerpo poco a poco.
Silas estiró dos dedos y los colocó sobre su frentecita, enseguida la magia negra comenzó a bullir, a luchar para no ser despojada.
El bebé comenzó a llorar con dolor.
Esa energía maligna se resistía, el poder de Silas le ordenaba pasar a otro amo.
Sigrid engañó a su tía con una ilusión para que no escuchara al niño, sentía muy bien las intenciones de su compañero.
Una bruma oscura, burbujeante, al fin salió de la frente del bebé y se fundió a regañadientes bajo las uñas de Silas, en su cuerpo, ya no era un peligro para él.
El bebé enseguida dejó de llorar y se durmió en paz, como nunca pudo hacer desde que nació.
Los tatuajes negros fueron desapareciendo y dejando solo la sonrojada y suavecita piel debajo.
Este niño, ya no estaba maldito con magia negra y viviría muchos años, como cualquier otro elemental.
—Nos vamos, gracias.
—Pero… espera, preparé unas galletas y el té… ¡todavía tu tío no ha llegado del campo! —la señora los vio irse de repente.
Quería pasar más tiempo con su sobrino recién recuperado, saber de él, que su marido lo viese a salvo.
—¡Nos veremos otro día! —Sigrid estiró la mano, siendo arrastrada calle abajo por su grosero peliblanco.
Sus relaciones sociales eran un asco, pero esta vez supo por qué lo hizo.
Cuando su tía cerró la puerta, algo reacia y triste, se acercó a la cunita a ver al bebé. Pobrecillo siempre estaba inquieto, pero no lo escuchaba lloriquear hace rato.
¡CRAC!
La bandeja cayó al suelo con todo lo que había encima esparciéndose por la alfombra.
Se llevó las manos a la boca para no gritar y comenzó a llorar mirando al bebecito sanado, un milagro y ella sabía muy bien de dónde venía.
Aun así, como mismo mantuvo a este niño es silencio, protegería a su sobrino también, fuera lo que fuera.
*****
—¿Lo pudiste curar? —Sigrid le preguntó entusiasmada subiendo la colina.
—Si digo que sí, ¿habrá recompensa? —Silas se inclinó hacia ella con sonrisas en los ojos.
—¡Recompensas, recompensas, solo sabes pedir y pedir! ¿Dónde está mi esclavo callado y serio? ¡Me han estafado! —comenzó a arrojarle bellota juguetonamente.
Silas esquivó sus ataques, risueño y la cargó contra su cuerpo, besándola en los labios, bajo el sol de la tarde, cálido, hermoso, tan libre.
—Vamos rápido, que ya la abuela Mel debe haberse despertado —Sigrid le besó la nariz, mirándolo fascinada, como resplandecía lleno de luz.
—Esa vieja bruja. Quería que durmiese en el corral lejos de ti, está loca —Silas iba bufando, cargando el fajo de hierbas a su espalda y a su Selenia, que se negó a bajarla.
Sigrid apoyó la cabeza en su hombro, sabía que esta felicidad no duraría para siempre.
—¿Confías en ellos? —Silas le preguntó a su lado.
—No, no mi querido Silas, yo solo confío en ti —Sigrid le aseguró y no mentía.
— Así que siempre tu espalda contra la mía y cuidándonos de todos.
Lo miró y él asintió, prometiéndose cuidarla con su vida.
Sigrid estaba en lo claro.
Todos tenían sus propias tramas y planes ocultos en esta guerra y solo querían utilizarlos como peones, en el juego de alguien más.
*****
Unos días después, Alessandre Vlad se bajó de su carruaje y extendió la mano hacia atrás.
Una hermosa mujer con el cabello corto en negro, ojos verdes esmeralda, vestida con suma elegancia y sensualidad, con una máscara negra en la cara, estiró su mano enguantada para apoyarse en él.
Los murmullos resonaban en el jardín de la mansión al ver pasar a Alessandre con Electra de La Croix, parecía que lo suyo iba en serio.
Esa hechicera ahora no era cualquier cosa, su lucha contra Morgana y la apropiación del feudo causaron conmoción y revuelo.
Mientras se internaban en la morada de la víbora de Lucrecia, nadie notó a un mozo que los seguía en silencio.
Un hombre alto, con una máscara de ébano en la cara, cabello oscuro y ojos negros como la noche.
Sigrid preocupada por la reacción de Silas al encontrarse de cerca con Lucrecia, y Silas mirando asesinamente la mano de ese chupasangre apretando la de su mujer.
Hoy quedaría aquí una bruja sin cabeza y un vampiro manco.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...