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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 264

NARRADORA

Sigrid estaba sumamente tensa, no por la lucha de vida o muerte que se avecinaba, sino preocupada por los sentimientos y los impulsos asesinos de Silas.

Lucrecia no podía descubrir su poder.

El propio Silas y su condición de Selenia, eran las mayores ventajas secretas con que contaban.

El preámbulo de la fiesta se desarrollaba en el inmenso jardín y en los salones abiertos al exterior, llenos de farolillos y luces tenues, donde los invitados brindaban, charlaban, se daban miradas sugerentes.

Todos enmascarados.

Algunos incluso ocultaban mucho más su identidad.

Vinieron aquí por un objetivo, y si aceptaron la invitación, estaban dispuestos a pasar una velada de sexo y orgías.

Este era solo el precalentamiento, las verdaderas fiestas serían más tarde dentro de la mansión, en los pisos subterráneos.

O quizás Lucrecia tenía algo más novedoso y excitante preparado.

—Debemos buscar la manera de que nos invite a jugar con ella en privado. Es la mejor oportunidad de separarla de su guardia y del resto de la seguridad —Alessandre le susurraba a Sigrid, que miraba a todos lados a través de los agujeros de la máscara.

Ella asintió, pensando en qué hacer para atraer a la mosca a su red.

Había tantas personas aquí…

Se imaginó algo más privado.

Esta sociedad de sobrenaturales estaba por completo podrida.

—Y no tomes muchas bebidas; todas tienen afrodisíacos y sustancias estimulantes.

—¿Y me lo dices hasta ahora? —Sigrid se alejó la copa de la boca con un poco de disgusto.

Debió imaginarse que aquí nada iba a ser normal.

—Y también…

—Ahora, ¿qué? —giró la cabeza para darle una mirada con la ceja alzada; esta fiesta venía con todo tipo de advertencias.

—Controla a tu hombre, porque casi puedo sentir un cuchillo rebanándome la nuca —le dijo con una expresión algo sarcástica.

Era difícil no presentir el peligro cuando las oleadas asesinas le llegaban apenas se acercaba unos centímetros a Sigrid.

Lo entendía.

No le gustaba que ningún hombre se acercara a Renata, pero no se imaginaba cómo fingiría delante de Lucrecia.

Sigrid suspiró y se giró, dando unos pasos para alejarse con Silas.

—¿Así piensas disimular delante de ella? Silas, nos van a descubrir antes de comenzar —suspiró, levantando la mano para arreglarle la máscara, medio torcida.

Silas giró su rostro a un lado y sus labios fríos la besaron en la parte interna de la muñeca.

—No me importa esa mujer. En realidad, ahora que la tengo así, tan cerca, pensé que sería insoportable, pero… es simplemente irrelevante. Ella morirá hoy, no importa qué —sentenció fríamente, abriendo los ojos oscuros disfrazados y mirando de frente a Sigrid, tan intenso como siempre.

—Pero debemos jugarle con inteligencia, Silas. Esto es solo un montaje, ¿lo sabes, no? Alessandre tiene su pareja y yo tengo la mía. Eres tú.

Sigrid le dijo, abriendo el enorme abanico de plumas negras que llevaba en la mano y cubriendo sus rostros.

Sus botines se pusieron de puntillas y le dio un beso en los labios, tapándose de ojos curiosos.

Esta escena tampoco era nada escandalosa; cosas peores se hacían ya entre las sombras de los setos y los cipreses del jardín.

Tampoco el hecho de que el supuesto “prometido” Alessandre estuviese a unos metros tomando y hablando con otras personas, incluso manoseándole el culo a una esclava a su lado.

Aquí no se andaban con exclusividad, y era muy normal que las parejas compartieran esclavos, incluso no esclavos.

—Señores, muy buenas noches. Bienvenidos todos a mi humilde fiesta. Espero que cada uno pueda encontrar lo que vino a buscar —la voz melodiosa de Lucrecia se escuchó de repente.

Todos se giraron para verla parada en la terraza, que bajaba con unas anchas escaleras de mármol hacia el jardín.

Vestida espléndida, era hermosa; la belleza de una manzana madura, apetitosa y llena de gusanos por dentro.

—El primer evento se llamará “Encuentros furtivos en el laberinto” —dijo misteriosamente, en medio de risitas morbosas y llenas de lujuria

—. Habrá varios regalitos dejados por ahí y, claro, la oportunidad de ser mi invitado o invitada especial. ¡Deleiten mis ojos y que gane el mejor!

—¿Qué rayos significa eso? —Sigrid susurró con la bilis a punto de subírsele por la garganta.

—A ella le encanta mirar —Silas le dijo, observando fijamente hacia las escaleras.

264. ENCUENTROS FURTIVOS EN EL LABERINTO 1

264. ENCUENTROS FURTIVOS EN EL LABERINTO 2

264. ENCUENTROS FURTIVOS EN EL LABERINTO 3

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