NARRADORA
Renata cayó al suelo desmayada, sin poder aguantar la explosión de tanta energía oscura.
—¡RENATA! —Alessandre, que miraba desde las sombras, gritó.
Le habían dicho que no interfiriera, que ellas dos podían con la situación.
Pero ese hombre, ¡maldición!, ese hombre era demasiado poderoso.
Corrió hacia su mujer, y todos los vampiros y los guardias reales que también los rodeaban, aunque con temor en sus corazones, salieron del amparo del bosque, gritando y listos para contener a las dos amenazas.
La Reina Selenia se desconcentró solo por el segundo en que perdió la conexión con su hija.
Miró con incredulidad cómo el suelo verde del bosque se había convertido en una especie de agua oscura, como fango de ciénaga, como brea negra, y dentro de ella se hundía a gran velocidad ese hombre, atrapando a la Selenia contra su pecho.
—¡NO ESCAPARÁS TAN FÁCIL DE MÍ! —ondeó la mano con odio, y cientos de dagas doradas asesinas, fueron directo a Silas.
Un enorme espectro salió de repente, rompiendo lo último que quedaba de las cadenas quebradas, y rasgó su boca hasta un límite imposible, tragando y engullendo todo su ataque.
Los ojos llenos de rabia de Brianna se cruzaron con los orbes maldecidos de ese elemental.
Profundas tinieblas… no, no, ya no podía llamarlo elemental.
Ese hombre era algo que nunca había visto, una nueva criatura repleta de odio, resentimientos y, lo peor, de poder que podía hacerle frente a las Selenias.
Los vio desaparecer en la brea, que hacía ondas como un estanque.
Lanzó ataques a lo loco que se hundían en el vacío hasta que desaparecieron por completo de la propiedad de los Silver.
—¡AAAAHHH! —rugió encolerizada hacia los cielos.
No le dio ni tiempo de disfrutar que había acabado con la mayor amenaza de las brujas.
¡Este peligro era mucho, mucho peor que Morgana, que Lucrecia, que todos juntos!
Cuando miró hacia donde debería estar la idiota de Drusilla, había desaparecido, por supuesto, como la cobarde rata que era, llevándose su librito de magia negra.
Caminó con prisas hacia donde estaba Alessandre con su hija.
Los soldados y vampiros se habían quedado rígidos, sin saber qué hacer.
Aún en sus mentes aterradas estaban esos horribles espectros, ese portal salido de la nada, sin creerse bien lo que sus ojos habían presenciado.
—¿Cómo está Renata? —llegó impetuosa y se inclinó sobre su hija.
—Estoy mejor, mamá, solo… me tomó por sorpresa —Renata la miró, llevándose la mano a la cabeza.
Los ojos, muy parecidos en ambas, se intercambiaron.
El mensaje era claro: ese problema… debían solucionarlo.
—Alessandre, te dejo a cargo de esto aquí, de tomar por completo el control. ¡General! —llamó a su oficial hechicero, que enseguida se acercó y recibió indicaciones de que debía seguir a la princesa— … y a su prometido, el futuro Rey.
Agregó, mirando hacia Alessandre Vlad.
Tenía heridas internas tras forzar su poder una y otra vez, luchando contra la restricción de las dos Selenias poderosas.
Pero nada era más importante que la mujer que temblaba en sus brazos.
—Sigrid… —se sentó con ella sobre sus piernas y le quitó el cabello sudoroso de la frente.
—Silas… —ella abrió los ojos, respirando agitada.
Necesitaba más poder para mantener restringida a Electra.
Con ese hechizo maldito aún rondando por sus venas, la situación era mucho más compleja.
Solo lo resistió porque era muy poderosa y tenía una voluntad de acero.
La dueña original del cuerpo quería expulsarla como fuera, y Sigrid temía que eso ocasionara que desapareciera de este tiempo.
Parecía que, al final, la manera de volver era tan sencilla como abandonar el cuerpo de Electra, pero ella no quería.
¡No todavía, no sin él!
—Nena, toma de mi poder, aliméntate. ¡Ahora! —Silas la miraba desesperado.
A través de sus ojos malditos, veía cómo la magia de Sigrid se debilitaba.
—¿Qué sucede aquí? —De repente, una voz anciana los interrumpió.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...