ALDRIC
—Iré a la lucha con mi madre. Apoyaremos a Sigrid. Sabes que no puedo quedarme aquí en la casa de brazos cruzados —escucho la voz en la oscuridad de Valeria, que se acuesta sobre mi pecho.
— Aldric si ese mal no se puede contener, no habrá lugar a salvo en este mundo.
Ambos estamos listos para dormir, pero ninguno de los dos puede hacerlo.
Quinn se ha marchado a la parte de los lycan a cuidar de esas tierras.
Nadie sabe cuándo explotará esta bomba.
Cada vez escapan más espectros. Tenemos que estar luchando con ellos cuando aparecen.
En cada ocasión son más y más fuertes.
Sigrid nos dijo que los espectros remanentes en esta tierra no eran nada comparados con los que estaban prisioneros.
Pensar en un enjambre de esas cosas, según ella gigantes, le apretaría los cojones a cualquiera.
—Está bien. Aun si te encadeno en la mazmorra, sé que encontrarías la manera de escapar —la aprieto contra mis anchos pectorales, suspirando reacio.
—. Solo tengo que protegerte con mi todo.
“Solo tengo que protegerlos: a mi mujer y a mis cachorros. No puedo dejar que nada ni nadie los dañe.”
Sé que Umbros es el mate de Sigrid, aunque aún me parece tan increíble que la peor pesadilla de todos los seres sobrenaturales sea en realidad la víctima de la historia.
Sin embargo, víctima o lo que sea, mi familia es mi prioridad.
Espero no tener que tomar una decisión extrema, o Sigrid nunca me lo perdonaría.
*****
NARRADORA
Cuando todos se retiraron a sus habitaciones, el castillo quedó sumido en un profundo silencio.
Cada uno buscaba consuelo en su pareja, compartiendo miedos y preocupaciones, dándose fuerza entre ambos.
Todos, menos una.
Sigrid se bajó de la cama y caminó hacia el balcón, abriéndolo en silencio.
La bata blanca de dormir, con encajes y satén, ondeaba por las brisas nocturnas.
Su corto cabello brillaba como ébano bajo la luz plateada de la luna.
Descalza, se detuvo al borde del balcón, mirando hacia la inmensa oscuridad.
Observaba un punto fijo en la distancia.
El momento se acercaba; lo sentía en lo más profundo de su ser de Selenia.
Sus ojos, apagados y tristes, reflejaban las imágenes de él: sus sonrisas fugaces, sus miradas oscuras y afiladas, su ceño siempre fruncido.
Todo le recordaba a Silas.
Para ella, habían sido solo unas horas, aunque para el resto habían transcurrido milenios.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...