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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 287

NARRADORA

Sigrid lo supo incluso antes de que tocara su piel: era puro veneno.

Alzó su mano y cientos de cuervos invadieron las oscuras tinieblas, atravesando el vendaval, fundiéndose unos con otros, endureciéndose para formar un escudo gigante que protegía a su gente.

Sin embargo, el escudo estaba defectuoso: tenía un enorme agujero, justo sobre ella.

«¡¿Sigrid qué pretendes?!» Aldric le rugió intentando correr para socorrerla pero su hija lo bloqueó por completo con una barrera.

Valeria, en la distancia, miró en pánico cómo el poder de las Selenias que tanto se esforzaron en refinar y reunir protegía al ejército, pero no a su hija.

"Sigrid, no, hija, no, por favor" comenzó a llorar y a llamarla por su vínculo, pero Sigrid no los escuchaba y solo miró al hombre sobre su cabeza.

—Soy tuya y tú eres mío. No eres Umbros, ni Gray, eres Silas. Solo mi Silas —los labios le temblaron con las últimas sílabas dichas entre susurros, pero sabía que él la escuchaba.

Las gotas negras bajaban con más fuerza. Se acercaba el peligro. De repente, Umbros comenzó a ponerse nervioso.

“¿Por qué no se protege? ¿Qué pretende demostrar? ¡Protégete, Selenia, hazlo! ¡Cuídate de mi maldad! ¡CREA UN ESCUDO PARA TÍ!"

Entró en pánico por completo al ver caer la lluvia corrosiva sobre ella.

Era lo que deseaba, ¿no?

Pero el pensamiento de que esta mujer saliera herida lo enloquecía más de lo que ya estaba.

—¡¡¡Aaahhh!!! —rugió enardecido, batiendo las alas y alejando la lluvia que caería sobre Sigrid.

Parecía increíble.

Llovía a cántaros sobre esta parte del bosque.

El ácido hacía espuma sobre el enorme escudo rodeando al ejército sobrenatural.

Incluso los espectros se debilitaban bajo la influencia del poder de la Selenia.

Sin embargo, la lluvia no caía en un solo punto.

Sobre Sigrid, ni una gota de malevolencia.

Su corazón comenzó a latir como caballos galopando al viento.

No importaba cuánto la negara: su alma resonaba con la suya.

Silas empezó a tener miedo. Miedo de verdad por este hechizo. No podía resistirse. No podía.

Batió las alas. Debía alejarse de su influencia, de su encantamiento que lo llamaba poderosamente.

Pero Sigrid no lo dejaría escapar.

Las pupilas dorada y negra se estrecharon con la explosión de luz, como si miles de plumas de cuervos doradas brillaran sobre él.

Silas sintió su presencia, la calidez que se acercaba.

Quiso luchar, pero unos brazos lo estrecharon en el aire.

Esa Selenia lo atacaría de frente, y él se había quedado congelado.

Un gemido escapó de los labios femeninos, y él coló su lengua curiosa, saboreándola, explorándola, oliendo su embriagante aroma en la nariz.

Sus manos parecían tener vida propia y fueron a su estrecha cintura, pegándola más a él, posesivo y dominante.

Las alas negras y doradas se movían en el aire manteniéndolos a flote.

La bruma comenzó a rodear a Silas, ocultándolo, y del otro lado la magia de la Selenia envolvió a Sigrid en un manto luminoso.

Luz y oscuridad, ambos en un perfecto círculo que creaba un espacio solo para ellos dos.

“Sigrid”, gimió como en un sollozo de dolor insoportable.

Sus dedos comenzaron a aferrarse con fuerza a su armadura dorada.

La otra mano subió a su cabello negro y lo tomó en un puño posesivo.

Sus labios comenzaron a devorarla con desesperación, con ansias.

Los recuerdos… esos maravillosos recuerdos invadieron su mente como un torrente.

"La esencia de tu magia, tu ser, yo la reconozco"

“Mi señora... mi amante... mi vengadora... mi mujer... mi hembra... eres mi Sigrid, eres mía, mi Selenia...”.

Lágrimas de sangre rodaron desde los ojos de Silas mientras se aferraba a ella, su única luz en medio de tanta oscuridad.

“Yo... te recuerdo”.

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