NARRADORA
Reían y lloraban; parecían dos locos enamorados que se habían extrañado durante una eternidad.
—Yo… esta es mi forma original, soy… soy así —Sigrid susurró contra sus labios, con las mejillas sonrojadas.
Ya no podía escudarse detrás del cuerpo de Electra; ahora era ella por completo, en cuerpo y alma.
—Lo sé… te soñé tantas veces, y no te hace justicia. Nada hace justicia a tu belleza. Eres… simplemente perfecta —el dedo de Silas dibujó su labio inferior, tan lleno, tragando con el deseo que resurgía en su cuerpo.
Sus ojos ávidos recorrían las delicadas facciones, la piel como porcelana, los ojos expresivos, luminosos.
Sus manos acariciaban la suave espalda, la tomaban de la estrecha cintura, pegándola a su cuerpo, sintiendo sus curvas, deseando tocar su piel bajo la armadura.
Ambos se miraban cargados de pasión, sus alientos enredados.
Sigrid estaba un poco avergonzada; Silas solo pensaba en besarla, en tomarla para él, y nunca más dejarla ir.
Olvidaron la guerra y la lucha que resonaba en el exterior del espacio cerrado que había creado su magia.
Olvidaron… a un enorme lycan que estaba que echaba fuego por la boca como un dragón.
Silas bajó la cabeza, listo para volver a saborear esos dulces labios, cuando repentinamente un golpe sordo impactó contra el círculo mágico, como un enorme huevo que los rodeaba y ahora temblaba.
—¡Están atacándonos, Sigrid…!
—¡No! —Sigrid lo agarró, adivinando sus intenciones.
Ahora Silas se encontraba en modo protector posesivo, pero ella se imaginó quién estaba causando la conmoción.
¡BOOM! ¡BOOM!
Impactaron dos cosas más contra la barrera, y un rugido ensordecedor de un lycan enfurecido se escuchó desde el exterior.
—Detén a tus espectros, Silas. Mírame, amor —tomó su rostro entre las manos—. Silas, esa es mi gente. Ese lycan que ruge como un loco es… es mi papá.
Sigrid le dijo con una sonrisa incómoda, algo avergonzada, pero más lo estaría con lo que se enfrentaría a continuación.
Había olvidado lo posesivo que era su amado lycan, y ahora también tenía a un mate más tóxico que la lluvia ácida que se estaba deteniendo afuera.
—¿Tu padre…? —Silas repitió, frunciendo el ceño—. ¿Es ese lycan poderoso con el que luché?
Ella asintió, suspirando.
—Está lanzando a mis espectros como pelotas contra nuestra magia… — Silas alzó una ceja, “viendo” en el exterior a sus secuaces volar por los aires desde las garras de una endemoniada bestia.
—¡SIGRID, SÉ QUE ME ESCUCHAS! ¡TIENES DOS MALDITOS SEGUNDOS PARA SALIR! — la Selenia dio un respingo, asustada con el rugido de papá Aldric.
Se sentía como cuando había sido pillada de pequeña haciendo algo malo.
A su vez, a través de todo el campo de batalla, de un momento a otro, las garras, mordiscos, lanzas y escudos, todos los ataques y la defensa, se estrellaron contra la niebla oscura, que se desvaneció de golpe.
Los monstruos que los aterrorizaban se diluyeron en la nada.
El cielo comenzaba a despejarse poco a poco y dejaba pasar los rayos de la luna, los truenos y la lluvia corrosiva se detuvieron.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...