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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 289

NARRADORA

Aldric sabía muy bien que, a pesar de su fortaleza, no era rival para asesinar a este hombre que hasta las Selenias le temían, pero tampoco bajaría la cabeza frente a nadie.

—Dame a mi mujer y te puedes quedar con tu estúpido reino. No me interesan las tierras podridas de los seres sobrenaturales.

Sigrid casi pensó que le iba a dar un ataque al corazón. Había olvidado lo directo que era Silas.

—¡¿TÚ MUJER?! ¡Eso tenemos que verlo todavía! ¡Ni siquiera me has pedido su mano y te atreves a besuquearla delante de mis narices! —las garras de Aldric brillaron saliendo de golpe.

El pelaje oscuro del lycan volvía a aparecer en su cuerpo humano, apenas vestido con harapos.

—Calmémonos todos, por favor, papá… —Sigrid intervino, aguantando el pecho de Aldric con fuerza.

Parecía una pequeña muñeca frente a la estatura monstruosa de su padre y los fuertes músculos abultados.

Este enfrentamiento estancado no llegaba a ningún lado, nadie quería ceder.

Por su parte, Quinn salió corriendo a hacerse cargo de la protección de las mujeres, y Zarek, aunque a regañadientes y preocupado por Celine, se quedó a cargo de la organización de las tropas.

Al ver que todos estaban pendientes de la escena dramática, comenzó a ordenarles, impaciente, que movieran el culo y dejaran de estar como viejas chismosas.

Sin embargo, los guerreros que aún se encontraban con ánimos y más pegados a la delantera paraban las orejas y miraban de soslayo mientras ayudaban a los heridos, sin querer perderse detalles.

¿De verdad ese era el temible Umbros? ¿Cómo que resultó ser el mate de su princesa Selenia?

Algunos lo observaban con odio, otros con sentimientos vengativos, pero la mayoría tenía miedo.

Y el miedo infunde respeto, así que no se atrevían a subestimarlo, aunque ahora pareciera el cachorro de la princesa Selenia.

El poder destructivo de este hombre les había dejado una huella en la memoria.

Una batalla sangrienta a muerte, se convirtió de repente en el drama de palacio de la familia real.

—Su hija y yo estamos enamorados. Ella es mi compañera. Quiero su bendición porque es importante para Sigrid, pero si no me la da…

—¿Si no te la doy, qué… niño bonito? —Aldric dio otro paso hacia delante, arrastrando a Sigrid con él.

A Silas le estaba entrando un tic en el ojo al ver las manos de su Selenia sobre el pecho de otro hombre, padre o lo que fuera.

Además, ¿qué era eso de "mocoso" y "niño"? Cuando los lycans andaban en pañales, ya él existía en este mundo.

—Me la llevaré entonces a la fuerza —Silas respondió sin más.

“¡MAMÁ, AUXILIO!”, Sigrid gritaba en su mente.

El pecho de su padre retumbaba con gruñidos peligrosos; la magia oscura de Silas se movía punzante, lista para la pelea.

—Muévete a un lado, Sigrid. Si no le parto el hocico hoy a tu mate, no voy a poder dormir en paz —le dijo con los ojos cambiando a rojo.

Los enormes colmillos se alargaban amenazantes.

Muy tarde. Los ojos asombrados espiaban por todos lados.

Con un bufido molesto, Aldric comenzó a cambiar, recogiendo el trozo de tela arrojado en el suelo.

“Cariño, todo fue culpa de este idiota. Le dije que debíamos hablar civilizadamente.”

“¡Pero serás cabrón, Azarot, si fuiste el primero en enchucharme…!”

“Calladitos los dos. Ya hablaremos en casa.”

Valeria se acercó a su hombre de las cavernas, que a veces se pasaba de animal y se giró para encontrarse con los ojos nerviosos de su pequeña.

—Mamá, él… él es mi compañero. Es Silas —Sigrid dio un suspiro de alivio, casi a punto de llorar al ver a Valeria aparecer.

Haló a Silas del brazo, acercándolo a su madre.

Aldric, parado detrás de Valeria, le daba miradas amenazantes al peliblanco.

—Silas, me alegro de que hayas podido despertar de tu sueño. Sigrid estaba muy preocupada por ti. Yo soy la Reina Selenia, Valeria Von Carstein —Valeria le dijo, intentando ser lo más suave posible.

Frente a la mención de palabras como “Selenia,” “Von Carstein,” “Reina,” Silas fruncía más y más el ceño.

Miró a la suave mano extendida delante de él, dudando.

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