NARRADORA
Aunque sabía que era la madre de su mate, que no tenía la culpa de sus desgracias, todo su cuerpo se rebelaba a darle un mínimo de cortesía a otra Selenia que no fuese su Sigrid.
Un gruñido bajo retumbó detrás de Valeria.
Aldric se aguantaba como nunca.
¿Cómo se atrevía a despreciar así a Valeria, la persona que trajo a su compañera a este mundo?
Sigrid también lo miraba aprensiva.
Ella, más que nadie, lo entendía, pero tampoco le gustaba el desplante hacia su madre.
—Silas…
—No importa, cachorra, él necesita tiempo. Entiendo muy bien tus temores…
Valeria no se ofendió para nada. Iba a retirar su mano, sostenida por un tiempo en el aire, pero de repente fue tomada por otra más grande y fría.
—Gracias por darla a luz —fue la respuesta de Silas, mientras devolvía con torpeza el saludo.
—Yo soy la única bendecida por eso —sonrió, mirando con cariño a su hija, que no pudo evitar meterse entre sus brazos y anidar contra su pecho.
Amaba a sus padres, a su familia, siempre había sido la niña de todos.
—Gracias, mamita, gracias… papá —subió la cabeza, dándole una mirada de cachorra abandonada a Aldric, que bufó un poco, pero al final las abrazó desde atrás, estrechando también a Valeria contra su amplio pecho.
Donde no lo podía ver, los ojos desafiantes del Rey miraron al pervertido peliblanco delante de él.
Ya buscaría la manera de desquitarse más adelante.
“Ellas son mías, cabrón.”
—Aldric… —Valeria podía sentir todas sus malas intenciones a través del vínculo con su mate.
—Mi Rey, debes hablar con los guerreros - Valeria dejó ir a Sigrid y se concentró en recordarle a su hombre que tenía más responsabilidades, que dejara de perder el tiempo comportándose como un inmaduro.
— Mamá necesita descansar, vamos todos al palacio. Ahora que lo peor ha pasado, es tiempo de la unión, Aldric.
— ¿Están bien los cachorros? - Sigrid le preguntó preocupada.
— Sí, estamos bien, hija, ahora todo está mucho mejor - Valeria tomó la mano de su hija y llamó a Silas, que estaba parado frente a ellos con un poco de incomodidad.
Esa mujer tan cálida lo ponía incómodo.
No estaba acostumbrado, menos sabiendo que era un ser sobrenatural tan poderoso.
Sigrid agarró la mano de su mate con fuerza y, enseguida, el corazón turbulento del Rey de los Espectros se calmó.
El aire tenso continuaba entre los machos dominantes, pero no había nada que no pudieran solucionar las mujeres de su vida.
—Vamos, mi vida, ven. El mundo ha cambiado, Silas, ya no es como en el pasado —Sigrid le dijo.
Pero también existía un nudo en su corazón.
¿Cómo explicarle que, mientras él estaba dormido, su raza fue abusada hasta la extinción?


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...