NARRADORA
Valeria miraba un poco nerviosa hacia los lados de este pasaje.
Confiaba en su hija, sin embargo, la energía negativa en esa bruma que ahora los rodeaba le erizaba el cabello a cualquiera.
Aldric apretó su mano, sintiendo su inquietud, acelerando el paso. El final de este túnel parecía estar cerca.
Valeria se imaginó que quizás saldrían al sitio donde lucharon, delante de la puerta de las Selenias.
Aunque todo eso había quedado en ruinas y, luego de la explosión que creó el sello al destruirse por completo, no debería quedar nada… ¿cierto?
Escuchó la inspiración de asombro de Sigrid delante de ellos.
La claridad iluminó sus ojos, y sus largas pestañas parpadearon sin poder creer lo que veían.
Habían salido a unas llanuras.
Ahora mismo se encontraban encima de una colina con suave pasto verde, tierno y florecillas que se mecían al viento.
¿Dónde era esto y, lo más importante… quiénes eran todas esas personas que esperaban armadas?
Aldric se tensó. ¿Al final sería una emboscada?
Miraba a Sigrid fijamente, apretando a Valeria por la cintura, pensando en la posibilidad de tomarlas y escapar.
Ambos bandos se quedaron mirándose fijamente, congelados, sin saber qué hacer, hasta que el relincho de un caballo puso fin a la pausa.
—No tengas miedo, son mi gente —Silas le susurró a Sigrid, que también se había quedado de cuadritos.
¿Todos estos soldados eran… seres elementales? ¿Silas los había mantenido oculto dentro de su prisión?
Baltazar bajó de su caballo, mirando al hombre que estaba a unos metros de pie, con el cabello platino, el rostro afilado, la armadura reluciente y expresión intimidante.
No tenía dudas: ese era su Rey.
Caminó seguido por el general, que no entendía mucho, pero obedecía las órdenes.
Cuando estuvo a un metro de distancia, Baltazar se inclinó sobre una rodilla delante de Silas.
—Su Majestad, es un honor contar con su presencia. Sus súbditos esperan sus órdenes.
Al ver al Regente, el mayor símbolo de jerarquía por debajo del Rey, arrodillarse, todos supieron inmediatamente que ese hombre intimidante de armadura negra era su Majestad.
Como fichas de un dominó, uno a uno los soldados se arrodillaron.
Los duques y nobles se desmontaron de sus caballos e hicieron lo mismo que el Regente.
Sigrid no entendía nada; todo esto era demasiado impactante. Aldric y Valeria, mucho menos.
—Pónganse de pie, no es necesario tanto protocolo —Silas les dijo fríamente.
Su personalidad, como siempre, era rígida.
Ellos lo habían nombrado su Rey, como los sobrenaturales le dieron el título de Rey de los Espectros.
A él no le interesaban esos nombres; solo quería ser Silas, el macho de Sigrid.
—Su Majestad, tengo listo al ejército, los civiles están a salvo, nosotros…
—No es necesario. No habrá ninguna guerra, ya lo he solucionado —le respondió, tomando por sorpresa a Baltazar, que se atrevió a levantar la mirada y darle una rápida ojeada a Sigrid.
Era una mujer joven y hermosa.
Incluso con esa armadura que resplandecía en dorado se veía heroica; sin embargo, le daba una mala sensación, no parecía una elemental.
—. Creo que hablo por todos al decir que no estamos de acuerdo, que tememos por nuestra integridad. No queremos asociarnos con ninguna criatura sobrenatural. Por favor, manténganos a salvo, se lo suplico a nombre de su reino.
Baltazar había nacido como un noble Duque del Reino Elemental, descendiente de la familia de Regentes, que se remontaban a los familiares originales del Rey Umbros.
Nunca había suplicado así, ni bajado la cabeza, pero no le importaba arrojar su orgullo.
No podía admitir esta unión que no entendía, ni aprobaba.
—No pueden quedarse para siempre aquí. La niebla oscura también está llegando a ser tóxica para ustedes; los está afectando e infectando después de tanto tiempo. Es imposible esconderse para siempre —Silas le dijo tajante.
—Silas… —Sigrid le apretó la mano.
Diosa, todos estos hombres eran unos brutos. Su padre también: cero diplomacia para todo.
—Solo queremos una oportunidad, señor. No será de golpe. La barrera no se abrirá así como así. Solo dennos la oportunidad de demostrar nuestras palabras —Sigrid le habló de manera más suave.
El Regente y el General a su espalda, la miraron.
Parecía tan sincera. Les transmitía tanta paz, pero sus corazones continuaban con miedo; las hechiceras podían embrujar y manipular las mentes.
Al final, tuvieron que llegar a un acuerdo.
Silas mantendría aún cerradas las fronteras; el intercambio se haría poco a poco y de manera muy estricta.
Nadie olvidaba el origen de todo el mal: los seres elementales seguían siendo ideales para la procreación.
Incluso, aunque el mundo de los sobrenaturales se hubiese ampliado después de los milenios, siempre los nacimientos eran lentos y demorados, y algunos nunca lograban descendencia.
Los lycans y Selenias eran de las razas más menguantes, contados con una mano.
Con los seres elementales, sus razas podrían resurgir de nuevo con mayor esplendor y eso, siempre era la peor tentación en los corazones ambiciosos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...