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El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 293

NARRADORA

Ataviada con un hermoso vestido crema hasta el suelo, bordado con rosas en tul y satén, lucía hermosa, radiante.

Silas avanzaba por el pasillo alfombrado con la guía de Valeria, pero él estaba embobecido en los ojos grises como las estrellas, su piel tan suave, esa sonrisa que calentaba su alma.

Cómo amaba a esa mujer.

La había añorado hasta el punto de no saber cómo soportó tantos años sin ella, sin enloquecer por completo.

Su cerebro la olvidó, para protegerlo de volverse demente y poder sobrevivir hasta este día.

—Ahora debes pedirle la mano a su padre —la voz de Valeria lo sacó de su nube de amor.

Al mirar al enorme pelirrojo al lado de su Selenia, reconoció los mismos ojos grises, al menos en el color.

Pero la expresión general de gruñón, en cambio, no tenía nada que ver.

—Rey Lycan, yo, solo Silas, solo un ser elemental, pido la mano de su hija Selenia, Sigrid Von Carstein. Deseo ser su protector, su compañero, y prometo amarla hasta el último de mis días —pronunció su juramento.

De las frases más largas y sinceras que había dicho jamás.

El corazón de Sigrid parecía querer salirse de su pecho.

Diosa, estaba tan apuesto, tan masculino, imponente, tan sexy… Rayos, debía calmarse o su padre la descubriría.

¡Papá, ya termina de aceptar!

—¿Acaso me queda alguna opción?… - alzó la ceja pelirroja con un resoplido derrotado.

—Aldric… —Valeria le gruñó entre dientes, caminando a su lado.

—Te concedo la mano de mi cachorra, pero siempre estaré vigilando que cumplas este juramento que has pronunciado hoy —respondió a regañadientes, sin querer soltarle la mano a Sigrid—. El día que lo incumplas, te partiré la madre…

—Hija, ya puedes ir al lado de tu macho —Valeria sonrió con incomodidad, le dio un soberano pellizco en la espalda y lo empujó un poco para que dejara ir a Sigrid.

Aldric suspiró y extendió la mano de ella hacia Silas, pero Sigrid le apretó los dedos.

Se puso de puntillas, tomándolo por sorpresa, y lo besó en la mejilla.

—Te quiero, papito. Sabes que siempre serás mi padre favorito, ¿verdad? —le susurró, sonriendo.

—Cachorra revoltosa, soy tu único padre —respondió sonriendo un poco, besándole la frente.

—Te equivocas, ella tiene más padres y tíos…

—¡Cállate, Quinn! ¡Zarek, ni se te ocurra abrir la boca! —bufó molesto.

Todos rieron, relajados. Eran una gran familia.

Gabrielle alzó las manos creando una hermosa fantasía y pétalos de rosas comenzaron a caer del techo sobre la nueva pareja, los futuros monarcas del reino… o quizás no.

Incluso Sasha, la Gobernanta, se secaba las lágrimas disimuladamente, con un pañuelo.

Sus ojos sabios miraban hacia Valeria, no se equivocó, supo desde el primer momento que esa mujer era especial.

Había logrado que este castillo lúgubre, lleno de hombres rudos y fríos, se convirtiera en un hogar cálido para todos, en especial para su Rey.

Eran más que motivos suficientes para caer muertos de la borrachera.

*****

Aldric entró en el despacho en penumbras. La luz de la luna se colaba a raudales por las puertas abiertas hacia el balconcito.

Valeria y Sigrid se habían ido hace un rato de la fiesta a hacer “cosas de mujeres” según su hembra.

Según Aldric, algo tramaban esas dos. Pero Silas se había quedado en el salón, así que estaba más tranquilo.

Aldric no era idiota.

Aunque le dijeran "cachorra," sabía muy bien que Sigrid era una adulta hecha y derecha.

En el mundo sobrenatural, las parejas no se complicaban tanto; los machos eran muy dominantes y enseguida reclamaban a sus hembras.

—Bueno, solo espero no ser padre y abuelo al mismo tiempo —murmuró entre dientes, rebuscando el mapa del reino.

A Celine y Gabrielle les había dado por ver los límites con el nuevo territorio elemental. ¿Qué tanto se traían esas entre manos?

De repente, todos los cabos comenzaron a atarse en la mente del Rey Lycan: solo lo estaban alejando del pervertido de Silas.

Dejó de buscar en la oscuridad como un tonto y se dispuso a regresar.

En un segundo, la puerta hizo un ruido sordo, cerrándose de golpe.

Aldric se giró alerta, pero a través de las penumbras, primero le llegó el delicioso olor a chocolate amargo y luego vio los ojos lobunos de su Selenia.

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