SILAS
Di un paso y otro, algo indeciso de si le gustaría esta ilusión que creé a partir de mi magia negra.
—¿Amor, eres tú? —sus ojos hermosos me miraron dudosa, en medio del claro, bañada en plata.
Su magia, que llamaba a mi ser, se extendió tanteándome, probándome.
Comencé a avanzar hacia ella.
Las almohadillas de las enormes patas pisaban las hojas caídas y el suave césped.
Me sentía incluso un poco ridículo, pero por ella haría lo que fuese.
“Soy yo”, le dije en su mente.
—¡Silas, te transformaste en lobo! —se inclinó sobre el enorme cuerpo, sus manos fueron al pelaje de bruma creado con magia.
Subí la cabeza y la miré hipnotizado, a su sonrisa, que era contagiosa, disfrutando de sus caricias y su alegría.
Valió la pena el practicar para lograr tomar esta forma.
—¡Yo también puedo crear una loba con magia! —me dice con los ojos brillándoles.
— Pero… no sé cómo transformar bien la ropa como tú… mmm, ¡espérame un momento!
Se va corriendo atrás de un árbol.
Escucho el susurro de la ropa y muero por espiarla, pero me aguanto las ganas y me imagino su cuerpo desnudo.
Hoy la veré; tengo que hacerlo o moriré de deseos.
Sabía que se podía convertir en una loba, ella es una Selenia y escuché a su padre alardear varias veces de que había sido el único en salir de correrías en las noches con su pequeña.
No será más el único. Yo quiero ocupar cada espacio de su vida, experimentar todo con Sigrid.
Mis ojos dorados se fijan en los grises lobunos que me observan desde la oscuridad.
Avanza mostrando el suave pelaje dorado, su magia juguetona viene a seducirme.
“¿Te gusta?”, me pregunta abanicando las largas pestañas.
La nariz negra se acaricia con la rosada. Olfateo su delicioso olor, expando mis sentidos; se siente tan raro y tan único percibirla así.
“Siempre me gustas, nunca lo dudes”, susurro en su mente, cerrando los ojos, metiendo el hocico en el collar suave del pelaje de su cuello.
De un momento a otro siento mi oreja siendo mordisqueada juguetonamente.
Me dejo hacer lo que ella desee.
“Ven, vamos a correr por el bosque, ¡enséñame qué tan lobo eres!”
Da un salto atrás, retándome, sus orbes brillan, sus patas ágiles se ponen en marcha y ella me rodea moviendo la esponjosa cola.
Comienza a trotar y pronto la veo internándose entre los árboles.
La sigo como puedo.
A pesar de practicar, aún domino la sensación de correr en cuatro patas.
Mi cerebro siempre me lleva a hacer las cosas como de costumbre.
“Uuuu, qué lento, ¿eres un lobo o una tortuga?”
Se ríe de mí dándome vueltas con agilidad.
Ella nació de un poderoso lycan, la cumbre de la evolución en los hombres lobos.
Me encanta lo animada que está, ya luego le cobraré por sus burlas.
Es hermosa mi hembra, de cualquier manera es increíble.
—Mi señora, eso fue lo que usted me enseñó. ¿No se pasó tanto tiempo fingiendo ser otra? —le susurro en el oído, que se mueve con cosquillas.
Mis manos no paran de acariciar todo su pelaje, pegándola contra mi cuerpo.
“Eres un descarado y tú… tú… estás desnudo”, tartamudea.
Puedo escuchar su corazón latir nervioso.
—Me has visto desnudo muchas veces, pero yo no he podido verte. No es justo, Sigrid, yo deseo descubrir también tu desnudez.
Mordisqueo un poco la punta de su oreja.
—Mi señora, este esclavo quiere hacerle el amor. Déjeme complacerla —confieso con voz ronca, montándome encima de su cuerpo.
Mi miembro despierta en medio de la suavidad de su pelaje, rozándome constantemente.
“No te llames así, Silas, tú no eres mi esclavo…”
—Lo soy. Desde el primer momento, desde hace milenios, me encadenaste a ti, atrapaste mi corazón y no quiero liberarme jamás. Me encanta la prisión que has creado para mí.
Mis palabras salen sin siquiera pensarlo.
No soy bueno enamorando, no sé si puedo conquistarla más con mi sequedad y mi brusquedad.
Las palabras tampoco hacen justicia a lo que siento por Sigrid.
Se queda callada por unos segundos. Puedo sentir su magia inquieta y ansiosa.
“Yo… yo también lo deseo. Quiero que seas mi primer y único hombre, Silas. Yo te pertenezco”, confesó, tentando mi locura, todos los sentimientos posesivos y obsesivos que siento por ella.
“Entonces vamos a nuestra casa, mi hembra, vamos a nuestro hogar”, respondo bajando la cabeza y besando la suya de loba.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación
Alguien puede ayudar con este problema de no poder desbloquear los capítulos!...
No puedo desbloquear Moras capitulea y tanto monedas!...