Entrar Via

El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 296

SILAS

Mi respiración pesada abanica los suaves pelos blancos.

Tengo que recordarme constantemente que es su primera vez, que debo controlarme.

Me incorporo y vuelvo a cambiar.

Con torpeza y algo más lento que ella, pero constante. La guío hacia donde la deseo llevar.

Un enorme lobo negro dejando una estela de bruma oscura y una hermosa loba de cabello dorado corriendo bajo la luna.

Llegué al borde del lago y salté sobre sus aguas mansas.

Bajo mis patas se endurecía al momento, permitiéndome avanzar.

Sigrid me siguió, destellos dorados quedaban en un camino por donde transitaba.

Nos tocábamos y acariciábamos nuestros morros, siempre a su lado, siempre con mi Selenia.

Atravesé la bruma oscura, la barrera hacia el Reino de los Elementales que se abrió para dejarla pasar. Ella siempre podría acceder a este territorio.

Me siguió, sin preguntar, sobre las colinas, entre las montañas, bordeando las ciudades que crearon los elementales durante tantos años.

Pero dentro de esta prisión, había algo que nunca había cambiado.

“Silas, tú… la conservaste”, me dijo con la voz temblorosa, mirando hacia la cabaña de mis padres.

“Aunque esa vieja traidora vivió aquí, yo… no pude deshacerme de este lugar. Incluso cuando olvidé, algo dentro de mi pecho me gritaba que protegiera este sitio. Nunca permití que los elementales entrasen aquí”, confesé caminando hacia la puerta.

Los haces de luz plateada se colaban entre las nubes, iluminando el claro frente a la vieja casa.

Mi magia transformó de nuevo mi cuerpo.

Me convertí en la forma humana, completamente desnudo.

Me giré para mostrarme ante mi mujer. Deseaba que ella se transformara también.

Sus ojos grises me observaban intentando disimular sus deseos, pero su magia, que brillaba y se revolvía en su interior, delataba su excitación.

“Ven, mi Selenia, no tengas miedo, Sigrid”.

A través de los metros que nos separaban, la vi.

Su cuerpo comenzó a cambiar bajo la luz de la luna.

Una magia dorada y negra la envolvió como un manto y fue despejándose para permitirme verla.

Sus pequeños pies, sus piernas blancas y torneadas que subían hasta unas caderas redondeadas.

Su intimidad tapada con una de sus manos, vulnerable, expuesta solo para mí.

Subí mis ojos cargados de lujuria. Sus pechos tiernos medio ocultos por su otro brazo.

Todo su cuerpo temblaba, su labio, que moría por probar, capturado entre sus dientes.

296. DESEO HACERTE EL AMOR 1

296. DESEO HACERTE EL AMOR 2

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación