Entrar Via

El Rey Lycan y su Oscura Tentación romance Capítulo 297

SILAS

La diminuta abertura rosada se abría un poco, destilando miel embriagante que me tenía salivando.

Los regordetes pétalos a los lados y el clítoris elevado y duro mostraban lo excitada que estaba.

La yema de mis dedos índice y del medio acariciaron con lujuria a través de toda la abertura, recogiendo sus fluidos, mirándola como un pervertido.

Mi polla se movía temblorosa con la contracción rígida de todos mis músculos.

—Mmmm… —un gemido caliente salió de sus labios cuando comencé a tocar su flor virginal.

Arriba y abajo sin entrar en la estrecha abertura, solo tentándola.

Rodeé el clítoris y lo pellizqué un poco entre mis dedos, moviéndolo en círculos.

—Silas… —se retorció de placer, llamándome. Mis ojos conectaron con los suyos, nublados, húmedos.

Mierd4, mierd4, mierd4…

Me incliné sobre ella y comencé a besarla profundo, apasionado, desesperado.

Mis dedos exploraron y rodearon la tierna vulva.

Mi boca bajó por su cuello, dejando un rastro de besos enfebrecidos.

El dedo del medio la penetraba poco a poco, lentamente, sumergiéndose en la calentura de su vagina.

Todo el cuerpo de Sigrid sabía a pura gloria. La chupé y marqué, la besuqué.

Y mientras mi dedo comenzaba a avanzar entre los pliegues húmedos de su coño, entrando y saliendo con el chapoteo de sus jugos, mi boca llegó a sus tiernos senos, y me ahogué en el placer de saborearlos lascivamente hasta tenerla gritando de lujuria, suplicando por más.

*****

SIGRID

Sentía que me ahogaba entre jadeos y gemidos.

Las memorias de cuando hacíamos el amor en mi mente no se comparan con las sensaciones reales en mi cuerpo.

—¡Aahh! —gemí cachonda, intento cerrar los labios, pero no puedo aguantarme.

Es como si mi boca tuviese vida propia, al igual que mis caderas, que ahora se menean hacia arriba con la cabeza de un peliblanco entre ellas.

—Silas… mmm… aajahh —bajo la mano y agarro su cabello para empujarlo contra mi coño que se está comiendo como un hombre hambriento.

Diosa, qué rico, qué rico, su lengua me está devorando en profundidad, follándome bien delicioso. Lo siento tragar todo lo que estoy soltando.

La alterna con la penetración de su dedo.

Al inicio me sentí rara, avergonzada, pero ahora no quiero que se detenga, que sus labios sigan chupando mi clítoris, sus dientes mordisqueando mi vulva, sus gruñidos haciendo eco en mi vagina.

Me avergüenza, pero me gusta tanto, y la excitación va creciendo en mí, nublando mi mente de placer.

Mi vientre se siente pesado, mis pies se contraen contra el colchón, y mis senos endurecidos se estremecen, las puntas rosadas erectas y mojadas de su saliva.

—Sshhh ah, sí, sí, mi macho… aahhh —lo empujo y elevo mi pelvis.

Estoy cerca, el orgasmo se construye en mis entrañas, pero Silas se detiene de repente.

—No —me dice incorporándose y relamiéndose la boca brillosa. Sube el dedo y lo chupa con morbo.

Quiero quejarme, mi vagina late necesitada, en el borde del precipicio y quiero arrojarme de cara hacia el placer.

Silas no es de hablar mucho, ni siquiera en la cama. Mmmmm, mis oídos están más calientes que mi coño.

— Ggggrr Sigrid, así, nena, así… shhhh ábrete para tu macho… ahhh me matas, cariño…

Sus caderas se mueven sensuales entre mis muslos.

La punta de su polla entra y sale con fluidez.

Siento mis músculos vaginales aflojándose, el cosquilleo curioso de querer más.

Me ahogo en las expresiones lujuriosas de su hermoso y masculino rostro.

Jadea cada vez más deprisa.

Su mano sobre mi mejilla se aprieta un poco, sus ojos se cierran, tenso por completo.

Las gotas de sudor caen desde su cabello platino. Sé muy bien cuánto se contiene para darme tiempo.

De repente, saca por completo su pene y da una estocada profunda, desgarrando mi himen y tomando mi virginidad.

El grito de mi boca es amordazado con la suya. Mis garras se clavan en su espalda tensa y sudorosa.

Sus dedos se hunden en mis caderas, y su pelvis no deja de martillar, suave, lento pero constante.

Me penetra una y otra vez. Muerdo su labio inferior y pruebo su sangre.

Su aroma flota en el aire y se mezcla con el olor de la sangre entre mis piernas.

Duele, maldición, y esa cosa enorme se adentra más y más en cada estocada.

—No, no, nena, no llores, Sigrid. Solo será un momento, solo duele un momento mi vida —besa las lágrimas fisiológicas que se han escapado de la esquina de mis ojos.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Rey Lycan y su Oscura Tentación